En el artículo de hoy hablaremos sobre la energía vital y la importancia de mantenerla elevada, y en el próximo aprenderemos a generarla y conservarla.

La energía vital es la fuerza o capacidad para vivir. Cuando esta está equilibrada estamos libres de cualquier sentimiento, pensamiento o emoción negativos; pero si desciende podemos caer en pensamientos depresivos y posteriormente en depresión.

Hay tres niveles principales de energía, en cada uno de estos hay subniveles entre los que pendulamos todo el tiempo dependiendo de nuestro estado de consciencia; en otras palabras dependiendo del tamaño de nuestro ego.

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El ego o mente parlanchina es nuestra sombra, es nuestro mayor saboteador aunque paradójicamente también es la herramienta más poderosa que tenemos para despertar y evolucionar, pues a través del sufrimiento nos revela qué nos falta por aprender.

El inconveniente está en que si es el ego quien controla nuestro pensamiento, mantener nuestra energía vital alta será imposible. Con el fin de tener nuestras baterías al máximo, no solamente necesitamos dormir bien, elegir cuidadosamente nuestros alimentos, hacer ejercicio y evitar información que contamine nuestra cabeza; también necesitamos aprender a gestionar nuestro pensamiento y evitar el conflicto interno porque son los que más energía consumen.

Te has dado cuenta que cuando estás estresado por algo, tienes problemas económicos, has tenido una ruptura o un problema familiar es cuando peor te sientes. Esto es porque el impacto que producen los pensamientos negativos continuados en nuestra mente y la resistencia a las circunstancias, descargan nuestras baterías. Posteriormente al estar agotados comenzamos a ver todo oscuro, perdemos la objetividad y encontrar soluciones o ver los positivo de la situación es imposible, en resumen el proceso se convierte en una bola de nieve que nos drena por completo.

Nivel de energía alto (Luz)

Algunos ejemplos de personas que se han ubicado en estos estados energéticos son el buda, Jesús, el Dalai Lama y habrán muchos que no conocemos que también han podido permanecer en el presente, gestionar sus pensamientos y tener un equilibrio mental que los lleva a permanecer en paz, y por ende, a sostener sus niveles energéticos en lo más alto.

Las personas que logran conservar su energía vital se mantienen imperturbables, porque comprenden que todo lo que sucede es simplemente una proyección de su interior, entonces si hay un problema afuera la solución estará dentro. Al responsabilizarse de sus resultados consiguen empoderarse y sus intenciones, pensamientos y acciones van en consonancia con la ley de causa y efecto.

Comprenden que todo es perfecto como es, y al estar en paz con todo lo que las rodea, pueden fluir, aceptar y observar lo que sucede con objetividad. De está manera aprenden de todas las experiencias que viven a cada momento.

Penumbra

En este nivel es en el que solemos estar la mayoría de los humanos. En ocasiones nos sentimos plenos, con ganas de vivir, con ánimo; nada nos asusta o nos hace sentir mal. Pero cuando bajamos al límite entre la penumbra y la oscuridad perdemos la ilusión, las ganas, nos sentimos tristes, en todo vemos un problema sin solución. Esto se debe a que en la penumbra pendulamos continuamente entre los límites hacia la luz y la oscuridad.

Identificar si estamos en la parte más alta de la penumbra o en la más baja es muy sencillo. Cuando estás en la frontera de la penumbra con la luz hay claridad mental, es decir, nuestro pensamiento es objetivo, eficiente y positivo.

La claridad mental aumenta nuestra comprensión del entorno y por consiguiente disminuye el conflicto interno, dando como resultado la aceptación de las circunstancias y la capacidad de mantener nuestro equilibrio interior.

Por el contrario, cuando estamos en la frontera de la penumbra con la oscuridad, nuestro pensamiento es subjetivo, lento y negativo. Nuestra comprensión del entorno disminuye, el conflicto interno aumenta, molestarnos es muy fácil y mantener el equilibrio interior se dificulta.

Lo más grave es que si baja mucho nuestra energía vital, comenzaremos a tener pensamientos depresivos, desgastarnos aún más y caer en oscuridad.

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Oscuridad

Al llegar aquí perdemos nuestro propósito de vida, cuando esto sucede el día a día pierde sentido, dejamos de encontrar significado en las cosas que antes nos daban felicidad. Comenzamos a olvidarnos de nosotros mismos y nos entregamos a un profundo sentimiento de desolación. Literalmente quedamos inmóviles y todo se tiñe de negro. En el grado más bajo de este nivel, habremos caído en depresión.

Reflexión

El pensamiento negativo y el conflicto interno son el resultado de la resistencia a las circunstancias externas ¿Qué pasaría si te dijera que no tiene sentido resistirte a lo que tu mismo has creado? Sí, leíste bien ¡TÚ MISMO HAS CREADO! y también tú mismo puedes transformar si dejas de culpar a los demás y te responsabilizas.

Sin darnos cuenta nos hacemos esclavos de lo que no podemos cambiar, el momento presente. Este no puede ser cambiado porque es el resultado de nuestras intenciones, pensamientos y acciones del pasado; pero ¡¡¡Atención!!! Puedes construir tu futuro.

Para esto es imperativo estar en el aquí y ahora y aceptar nuestra realidad tal y como es; esto aumentará nuestra energía vital, nos ayudará a encontrar soluciones objetivas y eficientes. Y lo más importante, si reducimos el conflicto interno tendremos pensamientos más positivos que generarán intenciones y acciones sanas; entonces estaremos sembrando la semillas de una realidad armónica.

© Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“Ni tu peor enemigo puede dañarte tanto como tus propios pensamientos” Buda