Comenzaré este artículo analizando el origen de las palabras culpa y responsabilidad:

  • Culpa viene del latín (culpa) que significa falta o error.
  • Responsabilidad viene del latín (responsum) que significa la habilidad de responder, está compuesta por el sufijo (idad) que viene de cualidad y (bilis) que en latín significa capaz, que puede, que es posible.

                          Si prestamos atención, estas palabras a las que en muchas ocasiones damos el mismo significado son totalmente diferentes. La palabra culpa nos conduce a una falta, mientras que la palabra responsabilidad nos conduce a la acción de solucionar o remediar.

                       Culpar a los demás o al entorno, significa entregar la responsabilidad de mi estado o situación al exterior. Como he mencionado en varios artículos, lo único que controlamos es nuestro estado de ánimo y la forma como respondemos a los estímulos del exterior, a partir del cual proyectamos nuestra vida (Tu Realidad Externa depende de Tu Realidad Interna). Por esta razón algunas personas suelen estancarse en situaciones que no les generan satisfacción, pues permanecen a la espera de que el culpable; sea una persona, un objeto, o las circunstancias, se modifiquen y le devuelvan su estado de felicidad. Esto no llega a suceder nunca, ya que los únicos que podemos modificar algo que no nos gusta somos nosotros mismos y sólo lo lograremos asumiendo la responsabilidad.

                      Cuando hacemos algo que va contra las normas establecidas, o tenemos una acción que perjudica a alguien, sentimos temor a ser juzgados, evaluados y rechazados. Por esta razón, inmediatamente de manera inconsciente nuestro ego la culpa como herramienta distractora.

Si yo no soy el culpable, no seré juzgado, no tendré que hacer nada para corregir, así es como terminamos otorgando el poder sobre nosotros a todo lo que no controlamos.

                         Si estoy triste, es porque está lloviendo. Si estoy frustrado, es porque alguien no hizo lo que yo quería que hiciera para sentirme a gusto. Si tengo escasez, es porque mi jefe no me paga lo suficiente. Si tengo malas notas, es porque no le caigo bien a mi profesor.

                      Suena gracioso, pero la verdad, este comportamiento produce la mayor esclavitud a la que podemos someternos. Culpando a los demás nos inmovilizamos y quedamos en la espera de que el otro corrija, nos estancamos y hasta nos llenamos de sentimientos negativos hacia lo que creemos que genera nuestra insatisfacción. Entonces, necesitaremos gustarle al profesor para aprobar la asignatura; que nuestro jefe valore más nuestro trabajo para que nos aumenten la remuneración; que los demás hagan lo que yo quiero para sentirnos felices. Terminando por enfocarnos en que la solución la tiene el otro, en vez de movernos y transformar lo que no nos gusta como por ejemplo:

                             Buscar un trabajo donde tengamos un salario mayor, prepararnos y hacer nuestro trabajo cada día mejor para obtener un ascenso. Estudiar para sacar buenas notas. Comprender que cada uno es libre, y que no puedo someter a los que me rodean a que se comporten como yo lo deseo para sentirme satisfecho; es decir ¡¡¡TOMAR ACCIÓN!!!

                            Una persona que toma responsabilidad de sus actos, se empodera, se permite actuar y definir un plan para remediar su error o cambiar sus resultados, elige disfrutar, mantiene su autoestima alta porque comprende que somos humanos y que en ocasiones erramos. Pero también comprende que puede corregir y que la solución está en sus manos, no se estanca en el victimismo de culpar a los demás de sus pesares, y más bien supera los obstáculos aprendiendo de ellos y generando cada día mejores cosas para ella misma y para todo lo que la rodea.

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                         Posiblemente les cueste creerme, a lo largo del camino que inicié hace algunos años al que llamo búsqueda interior, analizándome e intentando encontrar la forma de ser mejor persona y entregarle algo al entorno y a quienes me rodean; “camino que para mí no terminará nunca”; he podido corroborar que cuando he hecho consciencia de mis errores, los he aceptado y he asumido mi responsabilidad frente a ellos, mágicamente mi vida se ha transformado, y digo MÁGICAMENTE, porque sólo con ese valioso acto de reconocer y SENTIRME RESPONSABLE, la situaciones, circunstancias o disputas que podrían de alguna manera mantenerme insatisfecha, se han transformado.

                             Cuando he asumido que soy responsable de tener buenas o malas relaciones con las personas, estas, han mejorado. Evidentemente falta mucho camino por recorrer, muchas relaciones por sanar etc. pero la palabra culpa ya no hace parte de mi léxico, la he eliminado y la he sustituido por responsabilidad y en ocasiones por perdón, esto me ha regresado mi libertad.

   Atrévete a ser libre tú también y comienza a actuar porque esta vida es tuya y de nadie más, así que querido amigo, empodérate y haz que de ahora en adelante la palabra responsabilidad sea tu mejor amiga, tu fuerza liberadora y la palabra que te una a todos los seres humanos que como tú y yo, estamos aprendiendo en esta experiencia tan hermosa llamada VIDA.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

 

“Es incorrecto e inmoral tratar de escapar de las consecuencias de los actos propios.” Mahatma Gandhi.

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