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              Al regresar a la quietud del espacio en el que suelo escribir, sentí algo de melancolía, había una especie de pequeño vacío por una despedida que había enfrentado horas atrás. Experimentando el silencio del entorno y mi ruido interior, me percaté de algo que fue muy importante para mí, desde mi inconsciente estaba anhelando algo o alguien que llenara ese vacío, buscando un salvador, entregando mi responsabilidad de ser feliz a algo o alguien más; error garrafal que muchas veces cometemos.

                        Esta reflexión me hizo consciente de que nada externo puede penetrar hasta lo más profundo de mi ser para llenarme, y entonces supe, que por muchos años había buscado la respuesta a una necesidad en el lugar equivocado. El origen del vacío momentáneo tras la despedida yacía en lo más profundo de mi ser y solo en ese mismo lugar encontraría la solución, así que me puse manos a la obra y comencé a buscar en qué parte de mi ser estaba la pieza del puzle que se había perdido.

                Es difícil mirar hacia dentro, a veces nos cuesta o simplemente tememos a lo que podamos encontrar porque no queremos reconocerlo. Enfrentar nuestros dragones aunque transformador es una labor ardua. Lo primero que hice fue permitir que la emoción de tristeza saliera, la solté sin negarla ni aferrarme a ella, me permití llorar y también recordar, intentando analizar de dónde venía el vacío; una despedida temporal no podía estar generando ese sentimiento que estaba comenzando a exteriorizar.

                 Soy una persona fuerte, me enorgullece aprender de mis errores y renacer como el ave Fénix. Hoy me doy cuenta de que para amarnos a nosotros mismos es indispensable amar a nuestros padres, y para amarlos debemos aceptarlos, entenderlos, perdonarlos y comprender que ellos intentaron hacer lo mejor y entregarnos lo mejor de ellos. Malo o bueno nos dieron lo que recibieron de sus padres y lo que aprendieron a dar.

Aceptar

                        No solo heredamos los genes, aprendemos por imitación y además recibimos cargas ancestrales de nuestras familias. Lo que nos duele o nos molesta de nuestros padres es lo que debemos corregir en nuestro ser. Como mencioné en el artículo anterior, La Ley del Espejo, el universo nos muestra en las personas que nos rodean lo que aún no hemos reconocido en nosotros, para de esta manera poder cambiarlo. Nuestros padres son como son, ni buenos ni malos, humanos con ego en proceso de transformación al igual que nosotros. Entonces, qué ganamos juzgandolos o culpándolos, este comportamiento no sanará nuestras relaciones con ellos y solo sanando abriremos el camino hacia la unión familiar, la armonía y una mejor herencia para nuestros hijos.

Si nuestros corazones están llenos de amor y honramos a nuestros antepasados será más sencillo transmitir amor a nuestros hijos.

Entender

                  De la misma manera que hemos tenido una percepción de cómo han sido nuestros padres con nosotros o de cómo se han comportado, ellos también han tenido la misma experiencia con los suyos. Tuve la oportunidad de indagar sobre la niñez de mi padre, sobre sus vivencias y sobre cómo se sentía y percibía las cosas que sucedían en su hogar. Esto permitió que mi mente se abriera, fui empática y desde sus zapatos comprendí muchos de sus comportamientos, su seriedad, su falta de tiempo para nosotros por su necesidad de generar recursos continuamente, el que le cueste expresar el afecto o el cariño. Él no lo aprendió, y sus padres tampoco, ahora que lo comprendo ya no pretendo que manifieste su amor de la forma en que yo lo hago, he asimilado que lo expresamos de manera diferente, hoy he entendido su lenguaje y la manera como expresa su cariño hacia nosotros.

Perdonar

                      Para poder perdonar es indispensable aceptar que hay algo que dolió y que al no haber sabido enfrentarlo en su momento por la razón que sea, hemos guardado la experiencia en el inconsciente y la dejamos ahí, olvidada aunque latente. La mejor manera de sanar o superar una experiencia dolorosa es hablándola; sé que es difícil, enfrentar a nuestros padres y decirles lo que sentimos en muchas ocasiones nos asusta, no queremos mostrar debilidad, pero la verdadera debilidad está en no tener el valor de expresar lo que se siente e intentar omitir algo que duele. Por experiencia propia sé que es más lo que imaginamos que puede pasar que lo que en realidad pasa.

Expresar nuestros sentimientos con amor a nuestros padres nos acerca más, nos ayuda a comprenderlos y comprendiéndolos sanamos. Haya sucedido lo que haya sucedido, quien se libera es quien perdona mientras que el que intenta esconder una emoción o un sentimiento, se vuelve esclavo del pasado, Sanar Perdonando

             En el caso de que tus padres no estén vivos o por alguna razón no puedas comunicarte con ellos, escribe una carta y expresa todos tus sentimientos, intenta comprender las circunstancias que rodearon la situación, transforma tus emociones en palabras y cuando sientas que has plasmado todo en el papel, quema la carta y permite que el fuego te ayude a transmutar tus emociones.

Para poder amarnos es indispensable sanar nuestras relaciones familiares, nuestros abuelos y nuestros padres son parte de nosotros, aceptarlos, amarlos y honrarlos, significa aceptarnos, amarnos y honrarnos a nosotros. Cuando nos amamos, ningún vacío puede contaminar nuestro ser; cuando no hay vacío, nuestro interior está lleno de luz; cuando hay luz, podemos irradiarla y entregarla a los demás en forma de amor, alegría, positivismo etc. Cuando damos lo mejor de nosotros de forma altruista y sin una intención oculta, el universo se encarga de llenarnos de felicidad, paz, amor, abundancia, armonía etc. 

Reconcíliate con tus orígenes y sana tu interior para entregarte al entorno sin límites. 

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

 

“Libre es aquel que sabe transformarse” Bert Hellinger

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