Todo en la naturaleza fluye, una flor no se esfuerza para nacer, un pez no lucha para nadar, los pájaros no se niegan a volar. Todo danza armónicamente y se complementa de manera perfecta. Entonces ¿Qué hay en nosotros que no nos permite fluir?, ¿Por qué el ser humano vive resistiéndose a lo que es? ¿por qué no podemos estar en el presente y aceptarlo?

                   Por un momento imaginemos que somos icebergs que flotan en el agua, la vida; el iceberg está siendo sostenido por el mar, pero no puede controlar la marea, algunas veces está en calma y otras no, y tú, el iceberg sólo estás ahí, flotando, en paz. Cuando el mar se pica hace tus movimientos un poco más agitados, y al regresar a la calma nuevamente son suaves. Estos, son lo único que controlas realmente y se traducen a la manera cómo respondes a los impulsos de la existencia. Tu eliges si te dejas llevar y actúas o si te resistes y luchas con las condiciones que te ofrece.

                   Sólo un diez por ciento del iceberg es visible, el otro noventa se encuentra en la profundidad, y si somos icebergs, entonces lo que ven los demás de nosotros o lo que decidimos mostrar, es muy poco, la mayoría está cubierto y en ocasiones escondido. Permitimos que se vea lo que encaja en los requerimientos sociales e intentamos esconder lo que desde esos parámetros no es aceptado, todo esto lo hacemos de forma inconsciente buscando no ser juzgados o rechazados. Este comportamiento inconsciente, es generado por nuestro ego, ése que quiere controlar, el que esconde y el que siente miedo obligándonos a interpretar un rol que silencia nuestro corazón y no nos permite fluir.

                      Las personas que se resisten, nadan contra corriente, es decir, no escuchan a su corazón; y por tanto al generar rechazo por la situación que viven, la potencializan. La vida es una escuela donde los alumnos, seres humanos, se han matriculado para aprender y a través de ese aprendizaje decantar su luz y fuerza interior. Cuando una lección no se aprende hay que repetirla las veces que sea necesario hasta entenderla e interiorizarla. Es por esta razón que en muchas ocasiones vivimos la misma experiencia una y otra vez, pero el día que dejamos de resistirnos a lo que es, y logramos comprender la lección, podemos dejarla atrás y seguir adelante. “Aceptar y actuar vs resistirse y luchar”

El esfuerzo que realiza quien nada contra corriente agota. Este agotamiento en el ser humano se traduce en enfermedad. Enfermedad que desde lo más profundo de tu ser te grita: !!!NO TE RESISTAS, FLUYEEEE!!!

                   Para poder fluir es indispensable aceptarnos tal y como somos, con nuestras cosas buenas y las no tan buenas. Retomemos la metáfora del iceberg donde sólo el diez por ciento de este está en la superficie, y el noventa por ciento restante en la profundidad; es decir que la mayor parte de mí está oculta, y es ahí, donde se encuentra mi luz y mi oscuridad. Entonces, sólo reconociéndola podré potencializar mi luz e iluminar mi oscuridad con el fin de transformarla.

             Cometer errores, o ser distinto a lo que la sociedad exige, no es negativo, simplemente es. Lo que sí está claro es que identificando nuestros errores, aceptando que están ahí y haciéndonos responsables de ellos a través de la consciencia, podremos tomar medidas y transformar lo no tan bueno de nuestro ser.

Reconocernos y aceptarnos sin juzgarnos nos permite ser quienes realmente somos, nos libera del miedo y nos acerca a la felicidad.

                  Cuando somos auténticos, quienes se relacionan con nosotros se sienten también libres en nuestra presencia, nos aceptan sin juzgarnos y tienen la oportunidad de ser como son en nuestra compañía; sin la necesidad de interpretar un papel acartonado del ego que solamente deteriora las relaciones, las entorpece y las hace irreales pues terminamos relacionándonos no con el otro, sino con su rol social.

                       El ego le teme al futuro y nos arrincona en una incesante lucha por conseguir lo que según él, nos dará la plenitud y la seguridad cuando en realidad nada es seguro y mucho menos permanente. Pretende mantenernos distraídos del presente porque cuando estamos presentes él no puede existir, nos anula poco a poco hasta que un día cuando ya es tarde despertamos a la realidad y nos damos cuenta que toda nuestra vida luchamos y nos resistimos a la belleza del día a día, a disfrutar de la lluvia, del sol, del frío, del calor, de la soledad, de la compañía, del empleo, del desempleo etc.

                  Me gustaría terminar este artículo compartiendo con ustedes la interpretación que doy a la historia de “La Bella Durmiente”:

                    La bruja para mí, son las creencias y limitaciones sociales, la rueda de hilar que pincha a la princesa, es toda la información negativa proporcionada por esas limitaciones y creencias sociales a las que nos vemos sometidos desde muy pequeños y que inducen a la princesa, el ser humano, al sueño eterno; pero la consciencia, que es el príncipe; a través de un beso de amor, es decir a través de la buena información, nos hace despertar y la belleza de esa princesa al abrir los ojos se constituye como la luz que ahora, estando despiertos a la realidad, podremos compartir con toda la humanidad.

¡¡¡Despierta!!!, valora y aprecia la belleza de todo lo que te rodea, comprende que cada cosa que sucede en tu vida aunque desde tu sueño parezca negativa, realmente te está acercando a tu felicidad. Comienza a ser quien realmente eres, libérate y ¡¡¡FLUYE!!!

 

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

   “La vida no te quita cosas, te libera, te aliviana para que vueles más alto” Facundo Cabral

Foto: fotolia.com