Nuestra especia, ha sobrevivido gracias a nuestro instinto de supervivencia. Instinto que años atrás nos avisaba del peligro y nos llevaba a actuar rápidamente con el fin de proteger nuestra vida. Este guardaba en nuestro cerebro el recuerdo de experiencias riesgosas y acumulaba inmensidad de información con el fin de evadir situaciones que atentaran contra nuestra vida.

          El mundo ha cambiado, ya no tenemos que ponernos en peligro y enfrentarnos a cazar para obtener alimento, actualmente no necesitamos huir o desplazarnos de un lado a otro para permanecer vivos. Si las cosas han cambiado tanto, ¿por qué aún seguimos comportándonos como hace millones de años?, ¿por qué aún somos presa del miedo?, ¿por qué aún recurrimos como nuestros antepasados a la huida o al ataque?, ¿por qué seguimos siendo presa de un instinto de supervivencia arcaico que no ha evolucionado con el entorno?

             En el artículo anterior, La trampa del Miedo vs La salvación de la Responsabilidad, vimos como cuando el ser humano siente miedo, se bloquea, huye, ataca o en su defecto se aferra a un salvador externo en busca de que este haga lo que nos sentimos incapaces de hacer por nosotros mismos. Dicho salvador puede ser el dinero, la comida, una sustancia, una persona… El elemento disfuncional en este caso, es que nada ni nadie externo puede hacer por nosotros lo que no estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos.

Si queremos ser felices debemos trabajar por ello, si queremos cumplir nuestros propósitos debemos hacer todo lo que está en nuestras manos para alcanzarlos, si queremos estar en paz debemos comenzar a buscar la manera de lograrlo.

              En mi experiencia, cada vez que mi mente se ha enfocado en algo o alguien con el fin de encontrar felicidad, la vida lo ha alejado de mi. Antes me ocasionaba mucho dolor, me enfrascaba aún más en la idea de que solo teniendo eso a lo que me había aferrado podría ser feliz, entonces me enfocaba en poseerlo y un miedo malsano se apoderaba de mi con la simple idea de perderlo. Suena paradójico, lo que mi instinto de supervivencia pensaba que me daría la felicidad, en realidad me la estaba quitando, me hacía presa de un deseo continuo de tener y controlar que me llenaba de miedo, insatisfacción e infelicidad. Me costó mucho trabajo comprender que la única manera de ser feliz y estar en paz, era fluir con la vida, ser libre, tomar responsabilidad y valorar lo que la vida me daba en vez de añorar lo que no tenía.

Cada vez que te aferres a algo verás como ese algo se te escapa de las manos y te darás cuenta de que el único que puede “salvarse” eres tú mismo.

Fluir con la vida

          Supongamos que somos una especie del reino vegetal y la tierra es la vida que nos sostiene, podemos crecer y movernos pero no controlamos la velocidad del viento, tenemos la capacidad de elegir ser árboles o bambús. El que decide ser un árbol, se mantiene rígido y anhela ganarle al viento, pero por más grande que sea él sus raíces, terminará por sucumbir. Un Bambú es flexible, danza con el viento, pero todo esto es gracias a que por cinco años, antes de salir al exterior, ha forjado sus raíces, ha trabajado en su interior sin preocuparse por lo de afuera, se ha dedicado a construirse en vez de a ser visto. Tras esos cinco años de preparación, cuando está listo, comienza asomarse de forma rápida y crece con el fin de entregar su belleza y sabiduría al exterior.

              Cada cosa que pasa en nuestra vida aunque suene extraño, nos acerca a nuestra felicidad, sucede para que comprendamos que lo único verdaderamente importante es cultivar nuestro ser para algún día, poder ofrecer nuestra belleza a quienes nos rodean. Tú eliges si prefieres ser un árbol frondoso al que todos admiren y que lucha para sostenerse cuando el viento sopla, o si vives una vida llena de crecimiento interior, flexibilidad, aceptación y aprendizaje para dar siempre lo mejor de ti. Fluye en la Vida

“A lo que te resistes persiste” Gerardo Shmedling

 

Ser Libre y Tomar Responsabilidad

                      Todos deseamos ser libres, escucho a muchos hombres y mujeres hablar sobre la libertad y expresar que no desean perderla. Es gracioso, las personas deseamos ser libres pero nos hacemos esclavos de nosotros mismos, de nuestras creencias falsas, de los parámetros sociales, del dinero, de la comida, de sustancias, de relaciones y sobretodo de culpar a los demás, a las circunstancias y al entorno por nuestras insatisfacciones y vacíos.

                 ¿Quieres ser libre? Entonces comienza a actuar, comienza a contarte una nueva historia donde el único responsable de lo que te sucede eres tú y donde el único que puede corregirlo eres tú. Llénate de valor y comienza a crear tu nueva realidad respetando la Ley de Causa y Efecto y la Ley de Correspondencia.

Cada una de tus acciones, actitudes e intenciones generan un resultado; todo lo que vives en tu día a día es la correspondencia que has generado a partir de tus actos y solo tú puedes transformar tu realidad.

 

Valorar en vez de Añorar

               Estamos programados por la sociedad para pensar en lo que nos falta, los medios nos lo inculcan desde pequeños con el fin de que nos convirtamos en esclavos del consumismo. Siempre estamos pensando en lo que nos falta y cuando lo conseguimos buscamos un nuevo objetivo. Este comportamiento nos distrae de la belleza que nos rodea, de la riqueza que hay en nuestras vidas y nos lleva a ver nuestras experiencias como castigos en vez de como oportunidades de aprendizaje. Lo anterior se convierte en un hábito mental que si deseamos, podremos corregir. Sustituyendo Hábitos Negativos por Hábitos Positivos

                La siguiente vez que afrontes un resultado que te genera insatisfacción, primero hazte consciente de que tú lo has generado, después analiza qué acción, actitud o intención pueden haber sido las causantes de dicho efecto. Cuando descubras el origen, podrás corregirlo para nunca más repetir la acción que genera lo que no deseas.

Aprender nos ayuda a valorar todo lo que sucede en nuestra vida porque nos hace conscientes de que si no estuviera sucediendo, no aprenderíamos nada y seguiríamos atrayendo y creando lo que no deseamos en nuestra vida.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“La vida no te quita cosas, te libera, te aliviana para que vueles más alto” Facundo Cabral

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