¿Qué pensarías si te dijera que tus relaciones amorosas son un reflejo de la relación que tienes contigo mismo?…

            Comencemos por un punto básico, tener una relación no significa haber tenido una gran fiesta de matrimonio, documentos que determinen que esta existe, ni fotos en redes sociales que lo demuestren. Compartir con una persona nuestras emociones, sentimientos, sexualidad, energía, etc. es tener una relación aunque cada uno puede llamarlo como quiera. Lo que intento mostrar con este post, es que esa persona con la que interactuamos puede revelarnos información muy valiosa sobre cómo es nuestra relación con nosotros.

             El mundo que nos rodea es un reflejo de nuestro mundo interior, es decir que todo lo sucede afuera es correspondiente con mis intenciones, pensamientos y actos. Si creo, pienso y actúo injusta o negativamente esto será lo que se manifestará; si por el contrario, lo hago desde la justicia, bondad, altruismo… estas serán las experiencias que experimentaré en mi día a día.

          Todas las personas que se relacionan directamente con nosotros son espejos que nos muestran nuestras cualidades y defectos. Lo más interesante es que nos revelan lo más negativo de nuestra personalidad, eso que no queremos ver, que escondemos y que está alojado en nuestro inconsciente. “Ley del espejo”

          Por está razón Jesús pronunció unas palabras que se han convertido en refrán, “vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro”. Ahora bien, si las personas con quienes nos relacionamos son nuestros espejos, a mayor cercanía más nítido el reflejo.

          Pondré algunos ejemplos simples para poder visualizarlo mejor. Aclaro que mi intención en ningún caso es herir susceptibilidades, todos somos iguales y este ejercicio no solo aplica para quien lo lee sino también para quien lo escribe. La clave de nuestro desarrollo está en auto-observarnos. En la medida en que hagamos consciente lo inconsciente podremos sanarlo y corregirlo.

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            Para tener una relación sana es indispensable sanarnos. En el artículo anterior “La infancia y las relaciones de pareja”, hablamos sobre cómo la infancia genera en nosotros cicatrices que influyen en los patrones de comportamiento que desarrollamos y que terminan por guiar nuestras relaciones de pareja.

Somos lo más importante que hay, pensar en nuestro bienestar no es egoísmo, realmente es altruismo. No podemos entregar lo que no tenemos. En la medida en que nos amemos, podremos amar; si nos respetamos, podremos respetar; cuando nos valoremos, tendremos la capacidad de valorar a otros.

Recordemos que no solo vamos a recibir lo que damos sino también lo que nos damos ¿Quieres transformar tus relaciones? Entonces comienza a observar a quien tienes enfrente sin juzgarlo, y aunque te cueste, adéntrate hasta lo más profundo de tu ser para hacer consciente lo inconsciente. Tú realidad no cambiará intentando cambiar a los otros, cambiará cuando tú cambies.

© Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com 

“Todo lo que te molesta de otros seres, es solo una proyección de lo que no has resuelto en ti mismo” Buda

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