Indiscutiblemente los seres humanos nos construimos a partir de la información que recibimos. Todos los estímulos del entorno, los medios y el ejemplo de quienes nos rodean determinan nuestro sistema de creencias. A partir de este interpretamos el mundo, por esta razón nos hemos convencido de que el amor duele y si no duele es que no es amor.

               En el artículo de hoy me gustaría que ahondáramos en lo que la sociedad nos ha vendido como amor y desenmascaráramos todos esos conceptos que en vez de acercarnos a relacionarnos sanamente con nuestra pareja, nos condenan a relaciones malsanas.

              ¿Cuántas veces no hemos sufrido porque el ser al que “amamos” elige continuar su camino sin nosotros?, ¿en cuántas ocasiones hemos exigido a nuestra pareja un comportamiento determinado para demostrarnos su amor?, ¿alguna vez hemos querido cambiar a la persona a la que decimos amar? ¿Es esto amor? Yo diría que no, que mas bien es apego, dependencia, posesión, miedo a la soledad, costumbre…

              Disney, Hollywood, los libros, las novelas…  nos venden una imagen de la palabra AMOR donde para relacionarnos debemos sacrificarnos, co-depender y en ocasiones hasta perder nuestra dignidad. La simple idea de que algún día encontraremos a nuestra media naranja es dañina; nos lleva a pensar que estamos incompletos y por esto pasamos mucho tiempo de nuestra vida, o nuestra vida entera esperando que llegue alguien a completarnos y en ocasiones exigiéndole a nuestra pareja que nos dé la felicidad que no hemos alcanzado por nosotros mismos.

           Estos conceptos errados nos han llevado a relacionarnos de forma tóxica. Nos olvidamos de nosotros y terminamos por comportarnos como pensamos que a la otra persona le gustaría que nos comportáramos, con la intención de garantizar que permanezca a nuestro lado y nos proporcione el amor que no somos capaces de proporcionarnos. Al hacer este sacrificio consideramos justo querer cambiar al otro para adaptarlo a nuestro ideal.

       Analízalo bien, observa cómo en nombre del “AMOR” nos maltratamos y maltratamos. Nos hemos acostumbrado a vivir nuestras relaciones bajo los roles del salvador o el salvado, la victima o el victimario, el protector o el protegido… y terminamos por hacer a nuestra pareja dependiente o dependiendo nosotros del otro.

          Parece que es hora de que despertemos y comencemos a darnos cuenta que nuestros conceptos mentales sobre el amor nos hacen daño, entorpecen nuestras relaciones y nos condenan al dolor. Pero entonces ¿qué significa la palabra AMOR?

Acercándonos al significado de la palabra AMOR en la pareja

         Anteriormente hemos dejado claro que si hay miedo, apego, posesión o dependencia no hay amor porque estas son sus antagonistas. Es importante tener en cuenta que este término abarca mucho más de lo que se puede definir con palabras. Me gustaría que nos acercáramos a su significado describiendo algunas de las características y comportamientos presentes en una relación sana y equilibrada.

Aceptar

            Tener la capacidad de reconocer y aceptar lo positivo y lo no tan positivo en la pareja sin exigir o experimentar la necesidad de que cambie. La clave para aceptar al otro está en aceptarnos a nosotros mismos con nuestra luz y oscuridad, reconociendo nuestras carencias para así no proyectarlas en el otro y exigirle de manera inconsciente que las llene.

No tengo que dejar de ser yo para ser amada/o y tú no tienes que cambiar para que te ame.

Bienestar

          Cuando amamos a alguien las intenciones, pensamientos y actos que tenemos hacia esa persona están enfocados en su bienestar. Este punto es muy importante pues solo tendrá lugar si nosotros estamos bien y plenos; no podremos ofrecer bienestar si en nuestro interior hay malestar.

Nuestro bienestar nunca debe ser sacrificado por el del otro y viceversa.

Libertad

            Cada ser humano tiene sus propios intereses, pasiones, gustos, etc. Permitir que cada miembro de la relación tenga su espacio y pueda fluir en su propio entorno es vital para su desarrollo y para sentirse pleno. Cuando hay amor entre dos personas, los participantes no solo crecen como pareja sino también como individuos, esto los hace complementarios y enriquece la relación.

Mi libertad termina donde comienza la tuya y viceversa.       

Dar

         Escucho a las personas decir cosas como quiero que alguien me quiera, busco alguien que me haga feliz… Si te fijas estas frases están enfocadas en recibir y no en dar. Craso error porque solo podemos recibir lo que damos; entonces si damos carencia eso será lo que recibamos.

           Una relación de pareja debe estar basada en lo que tenemos para ofrecer, pero atención, si estamos vacíos, no tendremos nada para dar. Llénate de amor propio, valórate, respétate, se feliz por ti mismo y cuando estés lo suficientemente lleno, ofrece lo que tienes a los demás sin esperar recibir nada. No tengas miedo porque todo lo que salga de ti regresará multiplicado si lo ofreces sin expectativas.

Recibes lo que das ¿Qué estás dando?

Compartir

            Las relaciones plenas se reconocen porque al estar en función de dar, hay una entrega desinteresada. Te proporciono mi energía, mi cariño, mi alegría; te muestro lo positivo y negativo que hay en mí; te doy una cena, una sorpresa; te ofrezco mi intimidad y podemos compartir nuestros cuerpos para alcanzar no solo el placer sino la conexión, el apoyo y el afecto con dignidad, respeto y reciprocidad.

No solo desnudo mi cuerpo, desnudo mi ser y me muestro al otro. 

Crecer

          Cuando hay amor entre dos personas estas se conjugan para crecer como equipo e individualmente. La pareja es el espejo más importante que hay en nuestras vidas, nos muestra cómo nos relacionamos con nosotros mismos.

Corrijo en mí lo que no me gusta de ti.

  

El amor es mucho más que compañía, protección o compromiso. El amor es un evolucionar mutuo mientras se comparte en armonía sin perder la identidad y mucho menos la libertad. Sabrás que amas cuando permitas que el otro vuele incluso si su vuelo no te incluye. 

© Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

 Foto: fotolia.com