Todos tenemos aspectos emocionales por sanar, la clave está en descubrirlos para poder curarlos. Para esto debemos observar y analizar muy bien nuestras vivencias de la infancia porque estas marcan la forma como nos relacionamos con la pareja.

El día de hoy me gustaría que trabajáramos con un ejemplo para observar cómo nuestras relaciones amorosas, son un reflejo de nuestras experiencias de la niñez.

Sofía era una gran mujer, como todos tenía defectos y virtudes. Era atractiva, inteligente, capaz, fuerte y tenía buen corazón. En la primera sesión me comentó que estaba sufriendo por una relación que había terminado. Sentía que su vida sin Rafael no tenía sentido y que le estaba costando seguir adelante. Le pedí que me explicara por qué sentía esto, a lo que respondió:

Me da la protección que necesito, es un hombre fuerte y seguro de sí mismo, físicamente me atrae mucho. Me había imaginado mi vida con él. No se me ocurre ser la madre de los hijos de otro hombre. Rafael es perfecto, no creo que pueda encontrar a alguien así. Además cuando estamos juntos soy feliz. 

Comencé a vislumbrar idealización y dependencia en las palabras de Sofía, pero necesitaba profundizar más. Le pedí que me describiera la relación.

Cuando lo vi no me gusto tanto, me recordó a mi padre jajaja. La primera cita estuvo muy bien, por eso decidí seguir quedando con él.

Con el tiempo comenzó a hacerme cada día más falta. Si no estábamos juntos contaba las horas para verlo nuevamente… 

Ahora que te lo cuento… recuerdo que al principio no era así. Antes de conocerlo había estado sola por un tiempo, me sentía tranquila, enfocada en mi vida y en mis cosas. De hecho él siempre dijo que lo que lo había enamorado era mi independencia y la seguridad que proyectaba. 

Sofía, me gustaría saber cómo fue tu infancia 

–Bonita aunque a decir verdad nunca me sentí lo suficientemente amada. La mayor parte del tiempo estaba con una nanny.  

Mientras estaba en casa hacía mis cosas y jugaba. Recuerdo que cuando mis padres llegaban de trabajar yo intentaba llamar su atención.  

Lloraba, me hacia la enferma, incluso al crecer comencé a portarme mal en el colegio. Quizás necesitaba más atención de la que podían darme en ese momento, llegaban tarde y muy cansados.  

Siempre estaban ocupados y aunque sé que me quieren, siento que me falto amor. 

¿Alguna vez se los has dicho?

–No.

¿Por qué?

–No sé, no quiero hablar de eso. Prefiero hablar de Rafael.

Perfecto, pero en algún momento tendremos que abordar el tema.

-Ok

¿Es la primera vez que te pasa esto en una relación?

–Amarlo como lo amo, solo a él. Pero si analizo mis relaciones amorosas en la mayoría me han dejado.

Si te pidiera que me dijeras que tienen en común tus ex parejas, ¿qué responderías?

–Ahora que lo dices, para todos su trabajo era muy importante, era su prioridad. Y eso sí, cuando yo estaba con ellos siempre me sentía protegida y querida. Yo deseaba estar en sus brazos, sentir sus caricias y palabras cariñosas.

La infancia de Sofía la hizo desarrollar un escudo de independencia y autosuficiencia aunque en su inconsciente había quedado muy marcada la carencia afectiva y la necesidad de protección. Mientras estaba sola lograba mantenerse en equilibrio, pero sus vacíos permanecían latentes.

Cuando comenzaba una relación su inconsciente activaba sus necesidades y patrones de comportamiento de la niñez. De está forma soltaba la responsabilidad de su bienestar y la posaba en los hombros de su pareja.

Este tipo de comportamientos produce dependencia afectiva. Como sentía que no recibía suficiente amor de sus padres porque estaban trabajando, al estar con ellos experimentaba una profunda necesidad de llamar su atención para recibir todo el afecto que no había recibido en el día. Sus vivencias y la manera de interpretarlas la llevaban a pensar que el amor que recibía nunca era suficiente y en vez de sanar el vacío, este se hacía más grande.

De forma inconsciente para recrear su experiencia de la niñez, atraía hombres para los que el trabajo era su prioridad y que al fin y al cabo no le dedicarían el tiempo que a ella le gustaría; y mucho menos suplían sus necesidades afectivas y de protección.

Nadie puede llenar nuestros vacíos.

Si analizamos la situación, los hombres se enamoraban de una Sofía fuerte, independiente y autónoma; pero en la medida que la relación avanzaba esta desaparecía. Sus ex parejas, al sentir la responsabilidad del bienestar de Sofía sobre sus hombros y al observarla tan dependiente, pensaban que la persona de quien se habían enamorado ya no existía, comenzaban a desinteresarse y posteriormente terminaban la relación.

Reflexión 

Nada ni nadie puede hacernos felices, la felicidad es un estado mental en el que elegimos vivir. Erróneamente hemos aprendido que la felicidad es una meta que se consigue a través de personas, cosas o situaciones. 

Todos tenemos una infancia, cada uno desarrolla sus propias carencias dependiendo de lo que vive y de cómo lo interpreta. Si deseamos relacionarnos sanamente es indispensable descubrir qué es lo que buscamos que otros nos den para estar bien. Aquí está la clave de la salud y el equilibrio emocional, porque eso que anhelo recibir es lo que no me estoy dando, y solo cuando me lo dé, podré sanar y estar preparado para una relación sana.  

La intención en ningún caso es culpar a nuestros padres, ellos nos han dado lo mejor de sí y lo que han considerado correcto. El punto es descubrir dónde están nuestros vacíos y recuerdos dolorosos para perdonarlos y sanarlos. De esta manera cuando nos relacionemos con alguien en vez de pensar en qué vamos a recibir, podremos pensar en qué hay en nosotros para compartir con el otro dignamente, con libertad y sin expectativas.

© Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“Bendice a quien sientes que te abandona porque te devuelve a ti mismo” Alejandro Jodorowsky

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