Muchos de nosotros nos enfrentamos continuamente a cambios de estado de ánimo, en algunos momentos estamos felices y en otros tristes. No sé a ustedes, pero a mí en lo personal me gustaría poder mantenerme en paz todo el tiempo, me encantaría que mi felicidad y equilibrio interno fuera permanente.

Ese pendular entre sentirnos bien y sentirnos mal es a lo que yo llamo “el síntoma de la felicidad prestada”. Después de los post Detox Mental parte 1, parte 2, y parte 3; en esta última parte de la saga, nos familiarizaremos con el concepto “felicidad prestada” para que podamos hacernos una idea de qué debemos reforzar y trabajar en nosotros, con el fin de no caer en hoyos negros que nos llenen de sufrimiento.

La felicidad prestada

Desde muy pequeños con nuestra mente pura e inocente nos vemos bombardeados con información que recibimos a través de los medios, el marketing, nuestros padres y la sociedad contaminada que de la misma manera ha sido bombardeada anteriormente. Este cúmulo de información forma nuestra identidad. El problema es que ese entorno nos grita abiertamente “entre más cosas tengas más feliz serás” en otras palabras nos enseña que la felicidad está afuera en vez de adentro.

La falsa plenitud está plasmada en todo los anuncios, ver esas imágenes de gente sonriendo (actores o modelos haciendo su trabajo de proyectar felicidad), nos confunde y nos lleva a creer que consiguiendo lo mismo que ellos estaremos llenos de alegría: comida, viajes, coches, ropa, apariencia física, experiencias. El marketing está diseñado de tal forma que a cada generación le llegue la información necesaria para transformarnos en consumidores.

Con el tiempo después de haber comprado y viajado bastante, comenzamos a sentir que falta algo en nuestras vidas, posiblemente aún no seamos felices, quizás necesitamos más y pasamos de enfocar nuestra alegría en cosas materiales o en experiencias, a enfocarla en adquirir poder, reconocimiento, ser mejor que los demás, encontrar o tener la pareja “ideal”, unos hijos “perfectos”… Aquí ya nuestro estado de ánimo depende no solo del consumo de bienes materiales sino también del consumo de sentimientos y sensaciones.

En este momento es cuando ya nos hemos hecho esclavos de la felicidad prestada. Cuando las circunstancias que hay en el entorno son las que queremos que sean estamos muy felices, pero en el momento que ya no lo son entonces estamos tristes. Comenzamos a saltar de aquí para allá pasando por la excitación de un momento determinado a las frustración de otro, sin darnos cuenta que esto deteriora poco a poco  nuestra autoestima, nos hace perder el foco de lo que realmente importa y desgasta nuestra energía vital a tal punto que disfrutar la vida y ser felices que era la meta inicial, está cada vez está más lejos.

 La felicidad depende más de la persona que de las circunstancias

No digo que el placer no sea agradable, por favor no me gustaría ser malinterpretada, a lo que me refiero es a que sentir la necesidad de experimentar placer todo el tiempo para estar bien, produce todo lo contrario.

Es como tener una adicción a determinados estímulos del exterior y por supuesto en cuanto no los tenemos sufrimos el síndrome de abstinencia.

Recordemos que lo único que podemos controlar es la manera como respondemos a los estímulos del exterior, entonces poner nuestra felicidad en las manos de lo que sucede fuera de nosotros puede ser muy peligroso.

Para solucionarlo, debemos comenzar a hacernos conscientes de que las variables externas no pueden ser la base de nuestro equilibrio, sino más bien un complemento de una felicidad ya existente.

El entorno y todo en él es cambiante, está fuera de nuestro control y es por está razón que no podemos vivir en una eterna lucha con él para alcanzar nuestra plenitud.

Sufrir por lo que no podemos cambiar o por lo que los demás hagan nos convierte en esclavos

¿Cómo salgo de este bucle intoxicante?

Como hemos estado viendo en los artículos anteriores, los pensamientos que permitimos que se alojen en nuestra mente son los que determinan la manera como reaccionamos e interpretamos las circunstancias. Entonces si logramos cambiar la idea mental de que nuestra felicidad depende de lo que sucede a nuestro alrededor y comenzamos a pensar que depende de lo que sucede en nuestro interior y en nuestros pensamientos, empezaremos a hacer un trabajo interno en el que aprendemos a aceptar la realidad y reenfocaremos nuestras necesidades.

1.    Controlar nuestro estado alterado

Cuando nos veamos enfrentados a una situación o evento que nos produzca la necesidad de reaccionar de manera negativa, hagamos todo lo contrario; es decir, si sentimos la necesidad de atacar, vamos a responder con amabilidad y si sentimos la necesidad de huir, busquemos la manera de sortear sabiamente la situación sin generar conflicto.

2.    Rodearme de buena información

Nuestra mente se alimenta de toda la información que recibe, es imprescindible cuidar muy bien la calidad de ideas y conceptos que permitimos que se alojen en nuestra cabeza. Seamos selectivos y no creamos nada a ciegas, si escuchamos algo que nos resuena o nos gusta, pongámoslo en practica y verifiquemos que realmente funciona.

3.    Buscar pensamientos y hábitos sustitutivos

Esta parte es clave, es aquí dónde desintoxicas realmente tu cabeza, es el éxito de la operación. Busca un pensamiento o idea totalmente contraria/o al negativa/o y cada vez que venga a tu cabeza sustitúyelo por el nuevo. Al principio tendrás que hacerlo casi todo el día porque la idea será recurrente, pero con el tiempo irá desapareciendo.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

Video de 60 segundos de reflexión sobre el tema

“Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos” Buda

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