He decidido escribir este artículo porque me he hecho consciente de que estamos destruyendo el entorno que no sustenta a cada segundo, y hablo de nosotros porque tú y yo  estamos incluidos en esta vorágine que han creado grandes poderes y que día a día nos esclavizan más.

Me percaté de que estamos acabando con nuestro entorno porque no sabemos cómo cada una de nuestras acciones impacta al planeta, y por ende a nuestra supervivencia.

La idea de hoy no es echar culpas a nadie, o que unos se sientan mejores que otros porque reciclan. La idea es que tomemos consciencia de que nuestro comportamiento tiene que cambiar cuanto antes y de que solo unidos podremos sanar nuestro hogar.

Les contaré mis percepciones, reflexiones y conclusiones. También compartiré con ustedes algunas ideas sencillas que pueden llegar a hacer una gran diferencia.

Una verdad incómoda

Aunque no queramos escucharlo, nos hemos enfocado tanto en nuestra comodidad y bienestar propio, que se nos ha olvidado el bien común. La publicidad, el marketing y la infinidad de productos que las grandes industrias ponen a nuestra disposición terminan por convertirlos en indispensables, cuando en realidad son destructivos.

Muchos ya se preocupan por reciclar, usar menos el coche, evitar los productos envasados en plástico o cierran el grifo del agua mientras se lavan los dientes… Pero alguna vez te has preguntado: ¿cuál es el impacto de la industria alimenticia o de la fast fashion? A mi en realidad ni se me pasaba por la cabeza; simplemente iba al supermercado a comprar mis alimentos o a las tiendas a comprar ropa barata, y luego reciclaba pensando que con eso ya estaba cumpliendo con mi parte.

En este momento soy consciente del daño que he venido causando en el transcurso de los años. No pienso darme golpes de pecho, pero si pienso comenzar a cambiar mis actitudes, comportamientos y hábitos.

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Asusta ¿verdad? Y en este momento no he comenzado averiguar sobre el impacto de la moda low cost en el medio ambiente y en la sociedad. En todo caso como les dije antes, de nada sirve culparnos por lo que ya hemos hecho, lo que necesitamos por el bien de todos, es comenzar a actuar.

Si nos damos cuenta, son las grandes industrias y los gobiernos que ocultan información, quienes nos ha llevado como ovejas a comportarnos como nos comportamos. Pero ojo, nuestra responsabilidad está en que lo hemos permitido y también en que podemos cambiarlo.

¿Qué podemos hacer?

Cada uno decidirá cómo siente que puede colaborar, lo importante es ayudar con lo que se pueda. Todos juntos podemos hacer un cambio real. Para esto tendremos qué:

  1. Identificar qué cosas hacemos en nuestro día a día que producen un impacto negativo en el ecosistema.
  2. Analizar a qué estamos dispuestos a renunciar, y como podemos ir reduciendo poco a poco esos comportamientos que deterioran nuestro planeta.

Reciclar

Si vives en un país como los emiratos árabes o como algunos países de Suramérica dónde reciclar es una misión imposible, puedo comprender que no lo hagas. Pero si al igual que yo vives en un país en el que todo está dispuesto para facilitar el proceso, inténtalo, no es tan difícil. Solamente tienes que separar las cosas y sacarlas al contenedor, eso es todo. En mi caso ya funciona de forma automática, es en un hábito.

Plástico

El plástico es un veneno, aunque separemos los recipientes y las bolsas plásticas, mucho de este no llega a reciclarse. Las opciones que tenemos son:

  • Evitar el consumo de productos que vengan en este tipo de empaques y preferir el vidrio o el cartón.
  • Comprar bolsas biodegradables. Se pueden conseguir en Amazon o en el supermercado, los tamaños varían y más o menos el precio de una bolsa de cinco litros es un 1 céntimo de Euro. Es una buena opción para cuando hago la compra de frutas y verduras, también para recolectar mi basura y lo que ya he reciclado.
  • Bolsas de papel. Aunque también tienen impacto ambiental, este es menor que el del plástico. Ahora, ya que estamos intentando hacerlo bien y el precio va a ser muy similar, mejor vayámonos por las biodegradables ¿Qué opinas?
  • Cuando estés en un restaurante pide vasos de agua en vez de botellas de agua, te ahorras un dinero y evitas que una botella más vaya directo a la basura.
  • Los pots de cafeteras nespresso, dolce gusto y otras no se reciclan. He de confesar que me encantan porque se hacen rápido, saben bien y tienen muchas variedades. Aquí está mi primer sacrificio, reduciré el consumo paulatinamente hasta que los pots desaparezcan de mi vida, en mi caso comenzaré a sustituirlos por té.

El plástico que no se recicla va directo al mar, flota por largo tiempo y el que se sedimenta va a parar a los estómagos de los peces que luego nos comemos. Es una paradoja ¿no?

Camina más

Esta es muy sencilla y te ayuda a mantenerte en forma. En mi plan diario analizo que recorridos puedo hacer a pie y aunque me toma un poco más de tiempo desplazarme, disfruto el paisaje, veo gente, escucho audiolibros y en ocasiones hasta disfruto de la naturaleza.

Alimentación

Quizás este punto sea el que más trabajo cueste, pero es aquí donde podemos hacer un aporte más significativo. Soy consciente de que tenemos muchos conceptos mentales que nos dicen que no comer carne es malo. Tengamos en cuenta que estos conceptos son anticuados y vienen de los grandes que dirigen la economía;  en otras palabras, vienen de los dueños de las empresas que nos alimentan, las asociaciones de salud a las que ellos dan recursos y los gobiernos que recaudan los impuestos.

Conozco muchos deportistas de élite que son veganos y no les ha pasado nada. En todo caso lo que sugiero no es que dejes de comer carne o lácteos; tú eliges cómo aportas. Puedes reducir el consumo de gramos diario, o quizás comer proteína animal un día si y un día no, o sí quieres ser drástico puedes no consumirla. Todo está en ti, simplemente ten en cuenta que cada gramo que dejas de consumir está reduciendo la demanda y por ende el impacto ambiental.

Nuestro cuerpo necesita entre 0,8 y 1,5 gr de proteína por kilo de peso; la diferencia radica en si eres sedentario o haces bastante ejercicio. Por otra parte, la proteína no solo se encuentra en los productos animales sino también en los vegetales. Alcanzar el aporte diario de proteína no será difícil.

Según las estadísticas, una persona promedio suele consumir entre 150 y 300 gramos al día. Es bastante ¿no?

El secreto será simplemente en comenzar a cambiar nuestros hábitos alimenticios, no solo lo agradecerá el planeta, sino también nuestro cuerpo.

Conclusión

Tú y yo tenemos aire puro para respirar, agua limpia para beber, podemos disfrutar los paisajes y la naturaleza; tendrán las mismas posibilidades nuestros hijos, sobrinos o las generaciones venideras… parece que no.

Estamos destruyendo el planeta que nos sustenta, cada día las consecuencias son peores. En la actualidad estamos viviendo sequías, incendios, tormentas desmedidas, inundaciones, el derretimiento de los polos, especies en vía de extinción, cambios climáticos bastante significativos… Es momento de concientizarnos y hacer algo.

Muchos preferirán negarlo para poder seguir haciendo lo que más les gusta. Pensar que nada de esto es cierto es más cómodo. No puedo asegurar ninguno de los datos del documental que sugiero y que me motivó a escribir este artículo; lo que si puedo asegurar es que no pienso esperar a ver la destrucción con mis propios ojos para tener o no la razón. 

Nuestro planeta es un gran cuerpo y nosotros sus células, si seguimos siendo un cáncer terminaremos por morir todos.

Tú futuro y el de tus hijos, está en tus manos.

Video relacionado de 60 segundos de reflexión 

Documental sobre el impacto ambiental y la contaminación de combustibles fósiles.

Documental sobre el impacto ambiental y la contaminación de la industria alimenticia.

©Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.” Gandhi

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