Hace algunos años cuando había encontrado el supuesto “éxito”, o más que éxito el equilibrio económico al que todos llamamos éxito, comencé a hacerme la siguiente pregunta:

¿Soy feliz?

Está pregunta me llevó a una reflexión profunda ¿Había estado toda mi vida alimentando a mi corazón o a mis sentidos? Me di cuenta de que por muchos años estuve buscando satisfacción inmediata y externa en vez de buscar satisfacción interna y duradera. Comencé a pensar en mi misión de vida, en qué quería hacer a cada instante, en qué podía aportar a los demás y a la sociedad.

Ese día después de un desgaste mental que terminó por convertirse en físico quedé profunda y me adentré en un sueño que me mostró nuestra verdadera misión.

Alba era una niña muy alegre, le gustaba pasear por el campo, había luz en sus ojos; tenía un brillo especial, era como si pudiera contagiar e iluminar a quienes estaban a su alrededor.

Le gustaba salir a cabalgar. Un día en uno de sus paseos sintió un poco de cansancio y decidió sentarse al lado de un árbol a descansar. Al recostarse escucho un quejido, cuando levantó su mirada vio que el árbol abría sus ramas como desperezándose. Lo miró asombrada, y de repente aparecieron dos grandes bolas de color púrpura en la parte superior del tronco, eran sus ojos.

­–¿Quién eres? Se oyó una voz gruesa y perezosa.

Pero, cómo que quién soy, ¿qué eres tú? Dijo impactada la niña.

Mi nombre es Fagus y soy un sembrador de ilusiones.

¿Sembrador de ilusiones?..

Sí, mi trabajo es conceder un deseo a las personas que se acercan a mí en el equinoccio de primavera.

Wow, ¿estás diciendo que puedo pedirte lo que yo quiera?

No exactamente, hay condiciones. Únicamente puedo concederte un deseo, y este tiene que estar enfocado en alimentar a tu corazón en vez de a tus sentidos.

O sea que si pido algo que alimente mis sentidos perderé mi deseo.

–Exactamente pequeña.

Ay, no se como diferenciarlo… si lo hago mal perderé mi oportunidad ¿verdad?

Sí.

Antes de decirte mi deseo, podrías ayudarme a entender cuáles cosas alimentan al corazón y cuáles a los sentidos.

Es muy sencillo Alba, la satisfacción de los sentidos aunque placentera no es duradera, mientras que lo que satisface al corazón es eterno.

Podrías darme otra pista Fagus por favor.

Los sentidos se complacen con materia, para el corazón esta es insignificante.

–¿Todos los árboles hablan de forma tan confusa?, creo que no me estás ayudando Fagus.

Alba alimentar tus sentidos es muy fácil pero al no tener una sensación de complacencia duradera, experimentarás una especie de vacío que desearás llenar nuevamente, esto en ocasiones llega a convertirse en un proceso adictivo porque algunos humanos suelen volverse insaciables. Cuando haces algo que alimenta tu corazón cualquier sentimiento de necesidad desaparece, te llenas de energía, sientes paz en tu interior  y experimentas la verdadera felicidad.

Vale, creo que estoy comprendiendo ¿Puedo pensar un poco?

–Claro que sí, tenemos hasta el atardecer.

La niña se quedó meditando un rato, cuando de repente se dio cuenta de qué quería exclamó con emoción.

­–Ya lo sé Fagus, ya sé cual es mi deseo.

El gigante, que estaba sentado se puso de pie sacudiendo sus ramas para espantar unos cuantos pájaros que se habían posado en sus ramas diciendo:

Soy todo oídos.

Cuando sea grande quiero que mi trabajo esté relacionado con una actividad que alimente mi corazón Fagus, eso es lo que quiero.

Sea cual sea tu actividad laboral, puedes alimentar tu corazón a cada instante querida Alba.

–¿En serio?, dime cómo por favor.

Es muy fácil, lo único que tienes que hacer es sembrar una semilla de ilusión en cada persona que se cruce por tu camino.

Pero cómo lo hago Fagus sé más explicito.

Una sonrisa, una mirada amable, un abrazo, un te quiero, un chiste en el momento adecuado, una palabra de consuelo o un consejo en el instante preciso son suficientes. Los humanos necesitan mucho amor pero temen pedirlo. Se han acostumbrado a desconfiar unos de otros, se encierran en su caparazón percibiendo ataques inexistentes de sus semejantes porque todos viven a la defensiva, y lo hacen porque están concentrados en alimentar a sus sentidos y entonces caen en la trampa de la continua insatisfacción.

–¿Me estás diciendo que lo único que tengo que hacer para llenar mi corazón es dar a los demás lo mejor de mí?

Efectivamente Alba, es así de sencillo. Pero ya que has pedido un deseo tan noble, te concederé una virtud que te ayudará en el camino.

–¡Dime cual, dime cual! Dijo la niña con cierta excitación.

Alba, tendrás la capacidad de identificar qué necesita cada persona que se acerque a ti. Esa luz que ya llevas en tu corazón y que cada día será más grande, te alcanzará para encender los corazones de cada uno de los seres que se crucen por tu camino.

–Ay Fagus que feliz me has hecho, seré como tú, seré una sembradora de ilusión y así mi corazón siempre experimentará la plenitud.

 

Satisfacer nuestros sentidos es necesario, para esto los tenemos; pero no podemos olvidarnos de llenar nuestro interior. Todos podemos ser sembradores de ilusiones, todos tenemos mucho para dar. Recordemos que lo que entregamos regresa multiplicado, entonces, cada vez que con buena intención nos concentremos en hacer la vida de alguien mejor, la nuestra mejora también. La oportunidad de compartir nuestra luz está en cualquier lugar y desempeñando cualquier actividad, solo tenemos que dar el primer paso y comprender de una vez por todas que la verdadera felicidad nace cuando damos algo bueno de nosotros a quienes nos rodean. 

¿Quieres ser un sembrador de ilusiones?

“El karma no es la venganza del universo, es el reflejo de tus acciones. Todas las cosas que salen de ti regresan a ti. Así que no es necesario que te preocupes por lo que vas a recibir, preocúpate mejor por lo que tú das.” Dalai Lama

©Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

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