Si analizas a las personas que hay en tu entorno, encontrarías que algunas viven insatisfechas, otras viven quejándose, otras son más positivas, muchas son alegres, otras competitivas, etc.

Haciendo el ejercicio encontré a personas solitarias que son felices y a otras que son infelices, a personas con pareja felices y a otras infelices, a personas con dinero felices y a otras infelices, a personas con un buen trabajo felices y otras infelices… Si despejáramos esta ecuación, nos daríamos cuenta de que nuestra felicidad y equilibrio interno no dependen de nuestro estado civil o laboral, sino más bien de nuestro estado mental y de nuestra inteligencia emocional ¿Qué opinan?

En el artículo de hoy, a través de la pirámide de Maslow, explicaré cómo nosotros mismos somos los responsables de vivir satisfechos y felices o insatisfechos e infelices.

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Según la teoría de la jerarquía de necesidades de Maslow, en la base de la pirámide están nuestras necesidades básicas y al cubrirlas o satisfacerlas, vamos subiendo al siguiente escalón llegando a la cumbre para por fin encontrar nuestra autorrealización ¿Parece muy fácil verdad? En realidad debería serlo pero nosotros lo complicamos ¿Cómo? Sencillo, cubrimos lo realmente básico, pero a cada nivel le vamos añadiendo un sin fin de quieros y necesitos que para nuestro ego son indispensables, pero que realmente solo sirven para llenarnos de frustración.

Simplificando, entre más necesidades egóicas tenemos, más tardamos en sentirnos satisfechos y si además cada día queremos más y más, terminaremos por convertirnos en unos eternos insatisfechos.

¿Cómo nos convertimos en los eternos insatisfechos?

Cada uno de nosotros crece en entornos distintos (familia, colegio, circulo social, religión, país, cultura…). Ese entorno nos proporciona información a través de la cual comenzamos a crear nuestra identidad, tengamos claro que cada uno construye la suya propia dependiendo de lo que haya aprendido.

Nuestra identidad está conformada por todo eso que queremos ser, todo eso que necesitamos para sentirnos válidos, lo que queremos proyectar, cómo esperamos ser percibidos por los otros, a qué le tememos y a qué no, qué es vital para nosotros y qué no, cuáles son nuestros valores y principios, hasta dónde necesitamos llegar, cuanto dinero es suficiente, que posición es la indicada, cuan bonitos tenemos que ser, etc. En otras palabras nuestra identidad está llena de una serie de ideas preconcebidas sobre cómo debemos ser, cómo debemos comportarnos, qué debemos tener… que nos llevan a juzgarnos en base a estereotipos rígidos impuestos por yo no sé quien.

En resumen, cada uno desarrolla aspectos de su identidad que le ayudan a satisfacer sus necesidades y otros que nos transforman en personas insaciables; así que entre más necesitemos más lejos estaremos de nuestra autorrealización.

Con esto no quiero decir que tenemos que ser unos conformistas, claro que no, esa conducta no nos llevaría a la autorrealización; lo que sí quiero decir es que debemos analizar muy bien qué aspectos de nuestra identidad son realmente necesarios y se han originado en nuestra parte consciente, y cuales se han originado en nuestra parte egóica e inconsciente y por tanto en vez de ayudarnos se están convirtiendo en un entorpecedor. De esta manera, podremos deshacernos de todo lo que en vez de aportarnos es nuestro peor lastre. Permíteme compartir un ejemplo con el fin de que sea más gráfico.

Imagínate a dos niños pequeños, uno crece en un entorno en el que se le proporciona seguridad pero al mismo tiempo se le permite explorar su entorno y experimentar lo que implica ser un niño, sus padres lo alientan y apoyan con el fin de que el niño aprenda a diferenciar entre qué es peligroso y que no. El otro niño en cambio crece en un entorno en que sus padres lo sobreprotegen y lo enseñar a vivir en un mundo de algodones, cada vez que estornuda van directo al médico, cada vez que el niño quiere jugar en el parque lo previenen, evitan que corra por miedo a que se caiga, etc.

En la adultez el segundo niño tendrá unas pautas de seguridad bastante más altas que las del primero, sentirá miedo por muchas situaciones o circunstancias que realmente no son peligrosas y esto lo llevará a vivir alerta de forma constante y en ocasiones a negarse vivir experiencias enriquecedoras ¿Cuál adulto piensas que se sentirá más feliz y satisfecho? ¿Cuál adulto podrá avanzar más fácilmente a su autorrealización?

La situación del ejemplo anterior, aplica para toda la pirámide de Maslow, es decir que en cualquiera de los niveles cada uno de nosotros tendrá unas necesidades básicas más un cumulo de necesidades que cada individuo añade dependiendo de los conceptos mentales que haya construido y sigue construyendo en base al entorno en el que se ha desarrollado. Por esta razón mi reflexión se encamina en que logremos discernir entre cuales qué necesitamos para vivir felices y en paz y qué necesitamos para cumplir con los lineamientos de nuestra identidad o con los estereotipos con los que la sociedad nos ha programado.

En el próximo artículo a través de un cuadernillo de trabajo los acompañaré en su búsqueda inicial.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“Cambia tú y cambiará tu mundo”