En una sociedad enfocada en el objetivo y en alcanzar metas, es fácil que llegue un momento en el que terminemos por volvernos locos o sentir que no hemos llegado a donde deberíamos haber llegado. La sociedad nos bombardea con infinidad de condiciones que tenemos que cumplir para ser “exitosos” y nosotros nos dejamos llevar como borregos. En muchos casos no cumplir estos estándares sociales preestablecidos, puede llegar a producirnos molestia, frustración y hasta tristeza.

Quiero aclarar que el problema no está en tener metas, está en el afán de alcanzarlas a toda costa y sobretodo en pensar que cuando las alcancemos, alcanzaremos automáticamente la felicidad. En muchas ocasiones esas metas que seguimos no son nuestros sueños o lo que realmente queremos ser, sino más bien lo que deberíamos ser para que la sociedad nos acepte.

En varios de mis artículos he explicado que la felicidad es un estado mental, una condición en la que nada externo vulnera nuestra paz o equilibrio interno y de ese equilibrio, nace la capacidad de disfrutar todo lo que nos rodea y de ser agradecidos. Ahora bien, no hay nada más satisfactorio que cumplir nuestros objetivos, por esta razón, hoy quiero compartir con ustedes una reflexión personal y algunos tips que nos ayudarán a alcanzar nuestras metas y a disfrutar el camino hacia ellos.

Para comenzar tenemos que tener muy claro que si queremos llegar a conseguir algo con la expectativa de que nos haga felices, automáticamente partimos de un punto negativo, si ya estamos comenzando infelices y vacíos el camino hacia nuestra meta ¿De dónde vamos a sacar la energía para recorrer o disfrutar el trayecto?

Pasos para alcanzar nuestros propósitos

Definir la meta

La intención es la motivación que tenemos para conseguir algo, está claro que el propósito estará motivado por conseguir una mejora ya sea física, personal, laboral, intelectual… Es importante que establezcamos unos parámetros para ver cuánto hemos avanzado, definir un periodo de tiempo prudente pero también flexible, saber si estamos en el momento adecuado para comenzar y lo más importante, que sea alcanzable; claramente si mi objetivo ir a Marte mal vamos, jejeje.

Establecer el plan

Habiendo definido el objetivo debemos construir nuestra estrategia, nuestro plan; esto lo haremos respondiendo preguntas cómo:

  • ¿Qué aptitudes tengo para alcanzarlo?
  • ¿Qué comportamientos y actitudes necesito tener para llegar allí?
  • ¿Qué herramientas externas necesito para lograrlo?
  • ¿Cuáles deben ser los pasos a seguir?

En mi caso hago una línea recta en la que establezco varias etapas, pero cada uno puede hacerlo como más le guste.

Soltar la meta

Teniendo el plan definido es indispensable soltar la meta principal, y concentrarnos en la meta diaria, si para llegar a la meta principal el día de hoy debo por ejemplo comer sanamente y hacer 30 minutos de ejercicio, lo único que debe importarme hoy es eso. Esta actitud nos ayuda a disfrutar el camino y nos da la energía necesaria para continuar, porque cada día recibimos el aliciente de haber cumplido con la tarea que nos habíamos propuesto.

Concentrarme en lo positivo en vez de en lo negativo

Partiendo del punto anterior con el fin de sentirnos agradecidos por lo que ya hemos avanzado y con ganas de seguir adelante, busquemos la forma de premiar nuestros avances, no tienen que ser cosas materiales pero sí algo que nos guste y nos haga bien. Si al pasar una semana he cumplido el 85-90 % de los pasos necesarios que tenía establecidos ¿por qué no felicitarme o darme un mimo a manera de premio?, ¿por qué no reconocer mi esfuerzo? Es claro que quizás me haya faltado un 10-15 % pero recordemos que la flexibilidad es la que nos permite avanzar de forma adecuada y constante; de nada sirve cumplir una etapa al 100% o incluso llegar a desgastarnos y hacer la siguiente a medias o no hacerla, a veces es mejor tener un ritmo constante de 85-90 %.

Revisa tu camino

Como hemos establecido un camino y estamos concentrados en disfrutar cada etapa y cada tramo de cada etapa, será fácil observar y analizar qué es más fácil para nosotros, con qué herramientas funcionamos mejor, cuál es la forma de trabajo que más nos favorece… La idea en este punto es que si encontramos la manera de ir redirigiendo el plan para evitar lo que más trabajo nos cuesta o lo que menos nos gusta, podamos corregirlo con el fin de hacer el camino lo más sencillo y divertido posible.

Lo más valioso que tenemos en la vida es el tiempo, realmente es lo único que no podemos recuperar, cuando vivimos en el futuro perdemos nuestro tiempo presente y cuando nos enfocamos en el pasado también porque el único lugar en donde realmente podemos actuar, disfrutar, experimentar y ser felices es aquí y ahora.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

 “Cambia tú y cambiará tu mundo”

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