En la primera parte hablé sobre cómo nuestra cabeza es programada desde la niñez y de cómo muchos de esos programas nos producen insatisfacción. Hoy hablaré sobre los componentes de la fórmula de la felicidad y en la tercera y cuarta parte hablaré sobre su aplicación.

Captura de pantalla 2018-04-08 a las 10.02.30.png

Como mencioné en el artículo anterior, en el transcurso de nuestra vida recibimos información del entorno en el que crecemos, está información termina por dar forma a nuestra identidad. Alguna de la información que compone esa identidad nos produce felicidad, pero otra nos lleva a vivir la vida como si fuera un camino de espinas. Lo interesante es que de la misma manera que a un disco duro le podemos meter o quitar información, a nuestra cabeza también.

Cuando una persona aprende a identificar sus virus mentales, puede borrarlos y sustituirlos por información de calidad. Los virus mentales vendrían siendo todos esos conceptos o creencias que nos producen a nivel interno cualquier emoción, pensamiento, sensación o cualquier efecto negativo que en conjunto constituyen el conflicto interno.

Algunos ejemplos de virus mentales son: no soy bueno para esto o aquello; no soy lo suficiente; los demás son mejores que yo; tengo que ser perfecto para ser querido; necesito que los demás me den cariño para sentirme bien; si no accedo a hacer lo que demás desean, dejaran de amarme; para ser feliz es indispensable tener pareja; para ser feliz tengo que tener un trabajo reconocido; para ser feliz tengo que ser la más guapa o el más guapo… si te das cuenta a simple vista son tonterías, pero esas tonterías terminan por producir una asfixia interna que drena nuestra energía y nos aleja de la felicidad.

Está claro que cada persona tiene su propio programa, recordemos que este depende del entorno en el que cada uno se ha desarrollado.

Imaginemos a un niño que ha crecido en un hogar en el que sus padres lo alientan a descubrir cosas nuevas, apoyan sus iniciativas sin salir de los parámetros normales, le permiten caerse y le enseñan a levantarse. Este niño se desarrollará con gran confianza, podrá tener miedo en algunos aspectos de su vida porque todos los seres humanos los tenemos, pero sabrá enfrentar la vida con seguridad y disfrutará de las cosas sin tantas expectativas ni planes.

Ahora hablemos de un niño que crece en un hogar en el que sus padres lo sobreprotegen, están atentos a todo lo que hace para que no se caiga o se golpee, no apoyan sus iniciativas porque puede salirse de los parámetros que ellos tienen establecidos para él o porque puede ser “peligroso”. Este niño en su adultez vivirá la vida con mucha más rigidez, evitará experimentar cosas nuevas por miedo, su día a día se convertirá en un plan específico que si se sale de los parámetros le producirá insatisfacción, y muy posiblemente le costará levantarse cuando se caiga porque nunca ha aprendido a hacerlo.

No estoy diciendo que uno sea bueno y el otro malo, nuestros padres hacen con nosotros lo que sienten que es correcto al igual que nosotros lo hacemos con nuestros hijos. Lo que estoy diciendo es que las características de identidad del segundo niño al ser más rígidas, producirán bastante más insatisfacción (Conflicto Interno).

El segundo componente de la fórmula, es el conflicto interno que como dije en el segundo párrafo, son todas esas emociones, sensaciones, sentimientos o cualquier cosa negativa que se produce en nuestro dentro de nosotros como respuesta a los estímulos que recibimos del exterior, en pocas palabras es toda la insatisfacción que se manifiesta dentro de nosotros. Si estás leyendo este artículo, estarás consciente de que controlar lo que sucede fuera de nosotros es imposible, por lo tanto si esperamos acercarnos a la felicidad controlando las situaciones y las acciones de los demás estamos destinados a sufrir, sufrir y sufrir porque lo único que realmente podemos gestionar es a nosotros mismos.

Es evidente que entre más creencias y conceptos limitantes tengamos, mayor será nuestro conflicto interno, y mientras este sea alto, nuestra paz interior disminuirá y entonces nuestra vida carecerá de alegría y felicidad.

En la medida que vamos reduciendo nuestras creencias y conceptos limitantes, iremos reduciendo el conflicto interno.

De ahora en adelante en el momento que comencemos a sentir la más mínima incomodidad interna, en vez de reaccionar negativamente o con más frustración, pongámonos en la tarea de observar nuestro interior, mantenernos en el presente y en donde podemos actuar es lo que nos ayuda a descubrirnos. Algunas preguntas que pueden ayudarnos son: ¿Por qué razón estoy sintiendo esto? ¿Qué es lo que en realidad me está molesta? ¿Qué miedo se está manifestando en mí? ¿Las sensaciones o emociones negativas que estoy experimentando cambiarán algo de la situación o del comportamiento de la otra persona? ¿Estoy siendo esclavo de algo que no controlo? ¿Qué puedo aprender de esta situación?….

La idea de este post es que cada uno de nosotros al conocer claramente los dos componentes de la fórmula, podamos comenzar a actuar de forma inmediata para poder vivir con plenitud, los cambios no se verán en un día, yo llevo muchos años trabajando y aún hoy, después de mucho tiempo, sigo experimento conflicto interno y mi reprogramación mental por decirlo de alguna manera va hasta ahora a la mitad, pero no hay prisa, lo importante es ocuparnos del trabajo de cada día.

Actualmente cuando miro atrás, puedo darme cuenta de cuánto han cambiado las cosas, y eso es lo que me impulsa a seguir, a intentarlo, a esforzarme y aunque me caigo y caerme duele, sigo adelante y sigo transformando mi realidad desde mi interior.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

Video de 60 segundos sobre el tema

“Cambia tú y cambiará tu mundo”

FOTO: FOTOLIA.COM