Por un momento imagina que frente a nosotros hay un vaso con agua hasta la mitad, ¿lo ves medio lleno o medio vacío?…

Si hiciéramos un estudio las respuestas serian variadas. Realmente no es importante cuántos dirían lo uno y cuantos lo otro, lo interesante es comprender el origen de nuestra respuesta. Hagamos un ejercicio juntos, no te adelantes y observa la siguiente imagen.

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Cuando hago esta pregunta la gente suele responder que ve un punto negro, a lo que leo respondo: en mi caso, además del punto negro veo el infinito blanco que hay a su alrededor. Este ejercicio nos muestra cómo casi siempre, por no decir siempre, estamos enfocados en lo negativo y en el problema en vez de en lo positivo y en la solución. Es en el blanco en donde están todas las posibilidades que no nos permitimos ver. Pero ¿por qué tendemos a enfocarnos en lo negativo?…

¿Por qué prestamos más atención a lo negativo?

La respuesta es muy simple, nuestro cerebro por instinto de supervivencia se mantiene alerta frente a los sucesos que pueden atentar contra nuestro bienestar. Por esta razón, los estímulos negativos producen más actividad neuronal que los estímulos positivos. Estos se graban en la memoria a largo plazo de forma inmediata para que cuando suceda algo parecido, además de recordar qué nos pone en peligro, recordemos cómo reaccionamos frente a la amenaza en el pasado y actuemos de forma automática.

Este proceso era muy útil cuando estábamos en las cavernas, teníamos que sobrevivir a las inclemencias del clima, a grandes fieras y a un sin fin de peligros; pero actualmente esta función automática puede alejarnos de la felicidad.

“Los peligros de la actualidad están en nuestra mente.”

La mayor parte del tiempo nos comparamos con los demás y sentimos la necesidad de ser mejores que ellos. Intentamos alcanzar parámetros que la sociedad, los medios, el marketing… determinan como necesarios para ser felices; sin darnos cuenta que a la hora de la verdad en vez de acercarnos a ella, nos alejan. Permanecemos persiguiendo metas banales y cuando las alcanzamos creamos una nueva en nuestra cabeza. Como resultado, terminamos por alejarnos del presente y de disfrutar las cosas simples y bonitas de la vida.

Ahora bien, si la tendencia a enfocarnos en lo negativo es algo instintivo, ¿por qué hay personas que en vez de ver el vaso medio vacío, logran verlo medio lleno? Fácil, porque cada uno percibe el mundo de manera distinta, lo que para una persona puede ser amenazante, para otra no. Entonces todo dependerá de su sistema de creencias.

La percepción y el sistema de creencias

En muchos de mis artículos hablo sobre cómo nuestra forma de interpretar la vida está determinada por la manera particular en la que percibimos el mundo. Esta se genera a partir del entorno en el que crecemos (religión, sociedad, país, centros educativos…) y del ejemplo que recibimos de quienes nos rodean. Ya con una identidad consolidada construimos nuestro sistema de creencias y comenzamos a juzgar todo lo que sucede fuera de nosotros.

En resumen, el sistema de creencias es el conjunto de limitaciones mentales (conceptos, expectativas, juicios, etc.) que rigen nuestra vida. Cada uno desarrolla los suyos propios incluso habiendo crecido en la misma familia.

Reflexión

Me crie en Colombia, hermoso país que me dio mucho en todos los aspectos. Soy una de las privilegiadas a las que nunca les ha faltado nada. Mientras crecía puede estudiar, viajar, disfrutar con mis amigos… tuve la posibilidad de mantenerme al margen “por decirlo de alguna manera” de la violencia y la pobreza de mi país; aunque las veía de lejos.

Hoy sentada frente a la pantalla de mi ordenador, haciendo lo que más me gusta, escribir, siento la necesidad de pedirles a todas las personas que tengan la posibilidad de leer este artículo que reflexionemos y que lo hagamos cuanto antes.

Vivimos en un mundo en el que muchos mueren de hambre o no tienen donde dormir. Otros temen perder su vida cada día porque viven en lugares dominados por la violencia. Algunos se dedican a defender ideales utilizando como herramienta las armas y los fusiles. Actualmente no solo se comercia con drogas sino con mujeres y niños. La corrupción ha llegado a niveles insospechables.

Mientras tanto muchos de nosotros, “los privilegiados”, sufrimos porque nos trajeron el café templado, por el tráfico, por el clima, porque queremos cambiar de coche y no podemos, porque estamos gordos y queremos bajar de peso pero sin ninguna clase de sacrificio, porque estamos casados y no soportamos a nuestra pareja, porque estamos solteros y queremos compañía, porque no tenemos el reconocimiento que deseamos…

Vivimos quejándonos todo el tiempo por cosas que realmente son irrelevantes.

            Comencemos a agradecer la posibilidad de estar vivos, prestemos atención a todo lo que sucede y disfrutémoslo al máximo. Valoremos todas las cosas buenas que tenemos. Concentrémonos en lo positivo que nos sucede y cuando pase algo que no nos gusta, observemos las infinitas posibilidades que tenemos a nuestro alrededor. El tiempo pasa muy rápido y cada instante que le dedicamos a la queja nos aleja de la plenitud.

¿Tienes expectativas?, pues suéltalas porque no controlamos nada, lo único que controlamos es nuestro estado de ánimo y la forma como respondemos a lo que sucede en el exterior. Empieza a vivir y entrega siempre lo mejor de ti. Cada día estamos sembrando las semillas de nuestro mañana, tus resultados son tu responsabilidad. Nada ni nadie podrá hacerte feliz, porque la felicidad es un estado interno en el que nos permitimos estar o no, por esto…

!DISFRUTA CADA DÍA COMO SI FUERA EL ÚLTIMO!

© Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“No puedes tener una vida positiva con una mente negativa” Joyce Meyer

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