Desde hace varios días he estado analizando cómo mi realidad se ha ido transformando con el paso de los años, no solo por la madurez y las situaciones que puedan haber cambiado, sino más bien por la forma como actualmente interpreto lo que sucede en el exterior.

                      Cuando mi madre murió sucedió algo en mí, uno de mis hábitos cambió radicalmente; deje de actuar en automático. Despertarme, desayunar, bañarme, ir a la universidad o al trabajo, conducir hacia casa, cenar, dormir y comenzar nuevamente cada día… una y otra vez.

              Ese día aunque suene extraño, sin darme cuenta comenzó mi camino hacia la felicidad. En ese momento fue como si la vida a mi alrededor empezara a ir en cámara lenta y yo comenzara a observar todo desde fuera, metafóricamente hablando.

                       Comencé a preguntarme cosas como: ¿quién soy?, ¿qué hago aquí?, ¿me gusta lo que hago?, ¿es esto necesario?, ¿soy feliz?, ¿estoy en paz?, ¿quiero seguir viviendo de esta manera?, ¿cuál es mi propósito de vida?, ¿qué aporto a los demás?… Fue una época muy difícil, no solo por la pérdida de mi madre sino por la profunda insatisfacción que sentía.

                      24 años de mi vida habían pasado, prácticamente todos en automático. Sin detenerme a disfrutar el viento cuando rozaba mi piel, el arropo del sol en invierno, los sabores y olores que me proporcionaban los alimentos, o todas las sensaciones que se producían en mí al recibir un abrazo o una caricia.

                  Solía molestarme porque las cosas no se adaptaban a lo que yo deseaba, el tráfico, el clima, la injusticia, la impuntualidad, el rechazo, la falta de empatía, el egoísmo, la burla, la falta de compromiso…; me enfadaba cuando las personas no se comportaban como yo pensaba que deberían. En resumen 24 años viviendo una vida donde estar plena era bastante complicado.

                            Actualmente me siento tranquila, pase lo que pase en el exterior mi estado emocional y anímico es bastante estable. No voy a mentir, en ocasiones experimento situaciones desagradables, me suceden cosas que preferiría que no sucedieran. Pero he logrado decidir cuanto tiempo permito que algo me moleste o me afecte. Y créanme, el lapso de tiempo que una situación me domina es muy corto, y la mayoría de las veces es inexistente.

                             Pero entonces, ¿qué hay diferente en mi yo de hoy, frente a mi yo de antes?, ¿qué ha ido transformándose en mí en estos 12 años?

                        Después de muchos días de reflexión, descubrí que lo único que realmente era distinto actualmente, era mi forma de pensar, y por consiguiente de interpretar la realidad. Cada pensamiento negativo que he transformado en mi mente me ha llevado a purificar mis intenciones, a actuar, sentir y responder diferente. En conclusión, me he dado cuenta de que mis pensamientos son la causa, y los resultados, experiencias y el entorno que me rodea, son el efecto. “Ley de causa y efecto”

                    Desde pequeños recibimos infinidad de información de la sociedad, la religión, los centros educativos, los medios, la cultura, etc. Esta información sumada al ejemplo de las personas que están a nuestro alrededor, forja nuestro sistema de creencias.

                    El sistema de creencias es el conjunto de conceptos, condicionamientos y juicios que nos ayudan a interpretar lo que sucede cada día. Es como si en el transcurso de nuestra vida, construyéramos unas lentes para interpretar lo que sucede fuera. Ahora bien, si muchos de los componentes de nuestro sistema de creencias, nos producen malestar emocional, insatisfacción, frustración… ¿no sería mejor cambiarlos?

                       Posiblemente te estés preguntando ¿cómo puedo cambiar mi pensamiento? La respuesta es sencilla. Solo tienes que identificar los pensamientos que te generan dolor y sustituirlos por pensamientos que te produzcan paz y alegría. No hay procesos, no hay secretos, NO ES DIFÍCIL. Solamente tienes que hacerlo, y eso sí, trabajar con perseverancia para conseguirlo porque nada sucederá sin tomar acciones.

                     Nuestra mente es como un músculo, necesita entrenamiento. Si la hemos entrenado por muchos años para pensar de forma negativa, tendremos que desaprender, y comenzar un nuevo entrenamiento para reprogramarla. “Gestionar el Pensamiento para Permanecer en Paz”

                        Por nuestro cerebro pasan más de 60.000 pensamientos al día, de los cuales el 90% es negativo. Esto quiere decir que vas a tener que estar muy atento para comenzar a reducir el porcentaje negativo, y aumentar el positivo.

                      Mi intención de hoy no es que me creas nada, lo que intento es que si por algún motivo deseas transformar tus experiencias o algo de tu vida, lo intentes y logres verificar que lo que te estoy diciendo funciona.

                       En los dos post anteriores, escribí sobre cómo descubrir y sustituir creencias limitantes por verdades potenciadoras, estas mismas pautas pueden ser utilizadas para transformar nuestro pensamiento.

Por mucho tiempo esperé que alguien hiciera alguna cosa para menguar lo que sentía, también me enfoque en que algo sucediera y las circunstancias que me generaban resistencia desaparecieran, pero eso nunca sucedió.

En el momento en que me di cuenta que nadie diferente a mí podría salvarme y que nadie diferente a mi podía acercarme a la plenitud, comenzó mi camino hacia la transformación; y aunque este camino nunca terminará, hoy es mucho más fácil recorrerlo.

Pero atención, es sencillo porque al haberme hecho responsable de mi vida y al ser consciente de que la única que puede actuar para hacerme feliz soy yo, me he comprometido conmigo misma para hacer el trabajo. Es duro, no lo niego, pero los resultados son maravillosos.

 Y tú, ¿cuánto tiempo más piensas esperar?

 Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“Lo que creemos de nosotros mismos y de la vida llega a ser nuestra realidad” Louise Hay

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