Como mencionamos en el artículo anterior, Ley de Causa y Efecto “KARMA”, la palabra DARMA, se refiere al deber que tenemos todos en la vida de mantener una conducta buena, generosa y desinteresada. Cada uno de nosotros tenemos unos dones especiales que debemos poner al servicio de todo lo que nos rodea.  Nuestro verdadero propósito de vida es aportar a los demás haciendo lo que amamos y comenzando a vivir en función de dar, en vez de en función de recibir. 

         Vivir en darma, es decir cumpliendo nuestro propósito de vida y sirviendo al entorno, transmuta nuestro Karma. Entonces, podemos transformar nuestros resultados karmáticos generados en el pasado, si vivimos nuestro presente en darma.

           La sociedad, nuestras familias, la religión, la cultura, etc. nos entregan información que interpretamos y hacemos nuestra para desarrollarnos. La disfunción está en que inconscientemente seguimos transmitiendo de generación en generación, el concepto erróneo de que la felicidad proviene del exterior. Por esta razón nuestra vida se enfoca en recibir, esto nos aleja de vivir en darma pues nos hace egoístas, competitivos, acomplejados…

          Nos acostumbramos a enfocar nuestros talentos hacia la acción para acumular, en vez de enfocarlos hacia la acción para servir. Recordemos que recibimos lo que damos y si no damos nada no recibiremos nada. Podremos tener muchas posesiones pero aun así viviremos insatisfechos y necesitaremos más, mientras que dando de forma generosa y desinteresada, se activa el flujo natural de dar y recibir, y además obtenemos la recompensa más valiosa del mundo, que proviene del sentimiento de satisfacción que se genera en nuestro interior como resultado de entregar y entregarnos sin esperar nada a cambio.

Pautas para vivir en DARMA y limpiar el Karma

Despertar la consciencia

               Es importante comenzar a abrir nuestras mentes a un mayor propósito, estamos envueltos en la banalidad del día a día y sin darnos cuenta desaprovechamos nuestro potencial. Está claro que vivimos en un mundo material y necesitamos trabajar y ganar dinero para sobrevivir, pero nuestra función real es dar lo mejor de nosotros en cada momento al entorno, y aprender cada día para purificar nuestro ser. No estamos aquí para ser los más guapos, los más reconocidos, los más ricos… Nuestro trabajo más importante, es decantar nuestra luz interior e iluminar los corazones de quienes nos rodean.

Dejar la culpa

            No culpemos a quienes nos rodean por lo que nos pasa, entendamos que somos los únicos responsables de lo que vivimos. Comencemos a entender que cuando no nos gusta algo, ese algo simplemente está sucediendo para mostrarnos qué debemos cambiar en nuestro interior. Cuando por fin hayamos aprendido la lección, ese suceso que nos generaba dolor desaparecerá.

           Por un momento, imagina que la vida es un colegio, si ya has aprendido a sumar, no tiene sentido que te sigan poniendo la misma lección una y otra vez. “Aprender de la vida para no repetir experiencias dolorosas”

Respetar

                El respeto es uno de los pilares del darma, comprender que somos diferentes y que percibimos la vida de manera distinta, nos ayuda a comprendernos y nos permite actuar con libertad pero con la plena consciencia de no dañar o atentar contra nadie.

Mi libertad termina donde comienza la tuya.

Cancelar la negatividad

             Muchas veces nos dejamos contaminar por la voz de nuestro ego llenándonos de rabia y dolor, esta claro que si tenemos sentimientos o emociones negativas en nuestro interior, lo que sembremos no será muy adecuado. Hace unos días, en el libro un curso de milagros, leí que cuando algún pensamiento me estuviera envenenando repitiera la siguiente afirmación:

Los pensamientos que tengo sobre __________ son el infierno. Mi santidad es mi cielo.

                La santidad en este caso es nuestra bondad interior, nuestro ser consciente. Cuando te inunde cualquier cosa negativa repite esta frase hasta que el sentimiento, sensación o emoción desaparezcan.

Vivir una vida pura

            Para vivir en darma es indispensable que nuestras intenciones, pensamientos y obras sean puras, de nada sirve hacer cosas buenas si nuestras intenciones o pensamientos están contaminados.

Remediar

           Errar es algo natural en el ser humano, los errores son los que nos permiten aprender y decantar nuestra sabiduría interior. No debemos sentirnos mal si nos equivocamos. Nuestra obligación es aceptar el error, tomar responsabilidad y siempre corregirlo, incluso si la equivocación está presente en un pensamiento. Cuando te encuentres pensando algo negativo, observa ese pensamiento, quítale poder, cancélalo y sustitúyelo por uno positivo.

Corrige con algo positivo lo negativo.

Perdonar y olvidar

            Igual que nosotros nos equivocamos, quienes nos rodean pueden caer también en errores. Todos somos uno solo, estamos hechos de lo mismo y ocupamos este gran ser llamado tierra, si queremos ser comprendidos, comprendamos; si queremos ser perdonados, perdonemos. Llenémonos de empatía y compasión hacia todo lo que nos rodea. “La receta del perdón”

El día que en tu mente comiencen a aparecer preguntas como: ¿quién soy?, ¿qué quiero?, ¿qué amo hacer?, ¿Cómo puedo ayudar a quienes me rodean?, ¿cuál es mi propósito de vida?… ese día habrás despertado del sueño de la materia, y ese día comenzarás a poner tu energía en potenciar tus aptitudes y acercarte a tu propósito para entregar lo mejor de ti.

Todo lo que siembres comenzará a ser positivo y por ley de causa y efecto todos los resultados que generes serán igualmente positivos. Los vacíos internos desaparecerán al comprender que nada externo puede llenarte. La plenitud nace en el interior y desde el interior te haces consciente que eres uno con todos. Al saber que todos somos uno, la sensación de separación que te hacia competir, envidiar, luchar… mágicamente desaparecerá dando paso a un mundo donde reine la paz, el amor y la armonía.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“En el camino a la verdad solo hay dos errores que uno puede cometer, no seguir hasta el final, o no haber comenzado”. BUDA

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