En el artículo anterior El estrés 1ª parte Origen y causas, hablamos sobre cómo este se genera en nosotros a partir del miedo que nos producen situaciones que entendemos como peligrosas, aunque realmente no lo sean. Nuestro instinto de supervivencia desencadena una serie de reacciones para sobrevivir liberando grandes cantidades de adrenalina que si no se consumen, se van acumulando día tras día evitando que nuestro sistema de recompensa se active. Poco a poco toma fuerza, convirtiéndose en una compañía constante que amenaza no solo nuestro bienestar físico sino también nuestro bienestar emocional.

                         Está claro que hace siglos los peligros a los que nos enfrentábamos requerían dichos procesos físicos para poder huir o atacar. En la actualidad no podemos huir de muchas de las cosas que nos producen miedo debido a que la mayoría de las fieras a las que nos enfrentamos, son creencias limitantes que hemos instaurado en nuestras mentes y que amenazan nuestra imagen y personalidad. Esto se explica a profundidad en la primera parte.

                         Entonces si queremos gestionar el estrés, la solución no está en huir o atacar, está en cambiar nuestro sistema de creencias; Ese que hemos elaborado y que poco a poco se ha adueñado de nuestras vidas limitándonos y empujándonos a perdernos la maravillosa experiencia de vivir.

Pautas para gestionar el estrés

Sustituir mi sistema de creencias

  1. Fase de identificación

                        Es indispensable identificar todo lo que desde nuestro punto de vista pone en peligro a nuestra personalidad, y determinar si en verdad eso a lo que tanto tememos puede acabar con nuestra existencia, o si simplemente, amenaza nuestra autoimagen o máscara social, en otras palabras a nuestro ego. Pondré unos ejemplos con el fin de aclarar la situación.

Ejemplo:

  • Una persona que sufrió la muerte de alguno de sus padres en la niñez o adolescencia, puede haber desarrollado miedo al abandono. Por lo tanto cada vez que sienta que una situación similar puede tener lugar, sentirá amenaza y su cerebro enviará las señales para comenzar el proceso para defenderse o huir, aún cuando no esté experimentando ningún abandono.
  • Un niño/niña que creció en un entorno en el que ser el mejor de la clase era muy importante, puede llegar a pensar que tener reconocimiento y ser mejor que los demás, es necesario para sobrevivir. En la adultez, en el caso de no recibir el reconocimiento que espera, puede llegar a observarlo como peligro, aún siendo un excelente profesional.

                         Los acontecimientos previos, es decir la muerte en el primer caso, o el dar importancia al buen desarrollo académico en el segundo, no son ni negativos ni positivos. Simplemente son sucesos que dependiendo de la forma en la que los asumimos y percibimos, generan en nuestra mente determinadas necesidades que con el tiempo se transforman en algo que sí puede convertirse en negativo.

Cada vez que sustituimos una amenaza imaginaria por una verdad, evitamos entrar en alerta y por lo tanto no liberamos adrenalina innecesariamente.

  1. Fase de alerta continua (Presencia)

                   Habiendo identificado todo lo que pone en peligro a nuestra autoimagen, tendremos que comenzar a estar atentos cuando alguno de los eventos  o circunstancias se presenten.

Observar el suceso como espectadores y no como protagonistas nos permite pensar con objetividad.

Ejemplo:

  • Retomemos el punto anterior, el reconocimiento se ha convertido en una necesidad vital para ti. Debes realizar un proyecto para tu doctorado. El día de la presentación de los proyectos, te das cuenta que hay trabajos excelentes, entonces comienzas a sentir la amenaza. Si estás atento serás capaz de respirar profundo y ser objetivo. Aunque los proyectos son buenos, el tuyo también lo es, te haces consciente de que si reconoces que tu trabajo es muy bueno y no compites con los demás, no necesitarás el reconocimiento de otros, porque tú ya estás dándote el valor que mereces. En este momento has logrado ver la situación como espectador y frenar la amenaza imaginaria.
  1. Fase de sustitución

                         Todo lo que has identificado como amenaza imaginaria, es decir, cualquier situación que no atenta contra tu vida pero que atenta contra tu autoimagen (ego), debe ser sustituido por algo que empodere a tu ser.

Ejemplo:

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Ejercitarse (Mente sana en cuerpo sano)

                         Recordemos que el estrés surge debido al cumulo de adrenalina que se ha liberado en nuestro cuerpo y que no utilizamos. Salir a correr, hacer yoga, caminar, montar en bicicleta o cualquier cosa que te suponga un mínimo esfuerzo, te ayudará a quemar la adrenalina acumulada.

El ejercicio hace que tu cerebro active el sistema de recompensa. Quema adrenalina y libera endorfina.

Cuídate (Alimentación sana)

                         El triptófano es una aminoácido esencial que regula los niveles de serotonina, esta fomenta la producción de endorfinas. Las endorfinas nos ayudarán a sentirnos bien, por esta razón se les llama hormonas de la felicidad. Una dieta rica en triptófano nos permite combatir el estrés y nos permite dormir bien.

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Descansa y medita

                         Descansar es clave si queremos vivir sin estrés, dormir es la mejor herramienta para tener una vida normal. Regálate tiempo para ti, para estar en silencio, para descubrir que quieres, para hacer las cosas que más te gustan, todo lo anterior activa tu sistema de recompensa y por lo tanto libera serotonina en tu interior.

Hemos alojado en nuestra mente monstruos temerarios que nos hacen mucho daño, solo nosotros podremos librarnos de ellos. Concentrémonos nuevamente en lo que realmente importa; si queremos ser felices, es necesario que comencemos a soltar todas las limitaciones y las falsas creencias que se han arraigado en nuestras cabezas. Si deseamos vivir en plenitud y armonía, debemos ser fieles a nuestro ser y no a la mascara social que hemos creado.

 Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“El autoencarcelamiento es producido por el miedo a todo lo que está en nosotros, pero que no expresamos o no queremos ver.” Alejandro Jodorowsky

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