En muchos de mis artículos afirmo que controlar las cosas es imposible y que lo único que podemos gestionar realmente, es la forma como respondemos a las circunstancias y acontecimientos que experimentamos en nuestro día a día. La pregunta es: ¿cómo?

                   En el artículo de hoy reflexionaremos juntos y proporcionaré información con el fin de que saques tus propias conclusiones, y decidas qué primará en tu vida de ahora en adelante.

                   La información que hay en nuestra cabeza determina cómo reaccionamos frente a lo que sucede en nuestras vidas. Cada uno de nosotros ha crecido en familias y entornos diferentes, por lo tanto la forma cómo interpretamos lo que sucede es distinta.

                Desde pequeños nos vemos expuestos a un entorno cultural,  social, educativo, religioso, etc. A partir de todo lo que recibimos de estos, comenzamos a archivar información en nuestras mentes. En respuesta a dicha información, aparecen nuestros pensamientos predominantes, nuestra percepción e interpretación y las creencias que albergamos; dando forma a nuestra personalidad.

Nuestra personalidad o autoimagen produce una tendencia a determinados estados de ánimo. Por esta razón cada uno experimentará distintas emociones frente a una misma situación.

¿Cómo se forma nuestra identidad o autoimagen?

                   En la niñez y con la información que recibimos, comenzamos a construir un modelo de cómo vemos el mundo, con el tiempo lo refinamos sumándole nuestras nuevas percepciones e interpretaciones de lo que ocurre en el entorno; es aquí donde comenzamos a contarnos una historia de cómo es el mundo exterior.

En nuestro cerebro tenemos una red neuronal que alimentamos día a día con lo que entendemos o comprendemos sobre el entorno, creando nuestra identidad.

                   Ejemplo de identidad: Soy mujer, bonita, femenina con sobrepeso, responsable, muy religiosa, me gustan los números, no soy buena para la cocina, soy expresiva, no tengo facilidad para los idiomas, tengo unas preferencias políticas x, soy pesimista, miedosa, tradicional… y muchísimas características, definiciones y tendencias que determinarán nuestra manera de vivir el día a día.

¿Cómo nacen nuestras memorias y recuerdos?

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                La información que tomamos del lo que sucede a nuestro alrededor, está coloreada con nuestras experiencias pasadas, por esta razón, nuestras respuestas a los impulsos del entorno, comienzan a volverse un hábito.

Nuestra identidad hace que veamos lo que sucede en el exterior de una forma especifica con el fin de reafirmar lo que creemos que somos

                        La forma como percibimos e interpretamos el mundo genera emociones afines y así, creamos un nuevo recuerdo en nuestra memoria que seguirá alimentando nuestra manera de observar la vida.

                    Si te das cuenta, filtramos la información que recibimos de acuerdo a nuestros propios propósitos y deseos, posteriormente creamos una hipótesis del mundo que junto con las memorias que hay en nuestro interior, nos guían y manipulan creando una realidad particular.

Reflexión

¿Qué pasaría si cambiáramos la información mental que nos genera emociones negativas?

Muy fácil, comenzaríamos a crear nuevas memorias mentales que nos permitirían observar una nueva realidad.

                   Nuestras neuronas están conectadas entre si, cada conexión, tiene una información determinada. Los enlaces que no alimentamos van muriendo, pondré un ejemplo para aclarar la situación:

                     Tenemos infinidad de conexiones pero supongamos que una persona tiene una conexión de felicidad y otra de tristeza, cada vez que reacciona con tristeza, alimenta la segunda. ¿Te imaginas lo que sucede si solo alimentas la de tristeza?

                    Conozco personas que siempre están discutiendo y protestando, se quejan por todo. Lo hacen porque han entrenado a su mente para eso, ya es un hábito. Entonces, todos ustedes y yo, podemos entrenarnos para ser felices, positivos y para interpretar el mundo de una manera más amable. La respuesta está en la información que elegimos albergar en nuestras cabezas.

El torrente de pensamientos que inunda nuestra mente es el responsable de nuestro estado de ánimo, y nuestro estado de ánimo influye en nuestras emociones.

Si la mayor parte del tiempo tengo pensamientos negativos en mi cabeza, las emociones que experimente serán negativas.

                   Supongamos que un niño pequeño, tiene una madre sobreprotectora, siempre está sobre él para que no le pase nada. Sin darse cuenta su comportamiento evita que el niño viva infinidad de experiencias, como por ejemplo: mancharse las manos de tierra, caminar descalzo en el césped o cosas similares. Cada vez que el infante siente ganas de explorar, ella está ahí presente para gritar, “cuidado, no hagas eso, puede ser peligroso”.

                  Este niño en su edad adulta, dejará de experimentar infinidad de cosas que podrían gustarle solo por miedo, incluso dejará de probar alimentos o ir a lugares que se salen de la cotidianidad “segura” que su madre le inculcó. En su cabeza, se ha arraigado la falsa creencia de que lo desconocido puede ser peligroso y su hábito es no intentarlo. La emoción con la que responde usualmente es el miedo y la manifiesta con una necesidad profunda de controlar todo lo que sucede.

La oportunidad de vivir es ahora, la oportunidad de ser feliz es hoy, pero para esto es indispensable depurar nuestra mente de todo lo que nos produce sufrimiento o malestar. No vale la pena seguir intentando ser fieles a una autoimagen a costa de perdernos el mundo.

nuestras emociones dependen de cómo interpretamos el mundo y dicha interpretación depende de los pensamientos e ideas que albergamos en nuestra mente. Entonces, de ahora en adelante seamos selectivos y solo demos cabida a información que nos produzca cosas bonitas, sentimientos de alegría, emociones positivas y sobretodo que nos llene de amor para poder entregarlo a todos los que se crucen por nuestro camino.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

 

“Cambia la forma de ver las cosas y las cosas cambiarán de forma.” Wayne Dyer