Muchas veces nos aferramos a ideas, conceptos y comportamientos que creemos nos llevan a la felicidad, pero que si analizamos a profundidad realmente nos llevan a resistirnos a nuestra realidad alejándonos de la aceptación y empujándonos a la infelicidad.

          En el artículo de la última semana de Junio, ¿Quién dirige mi diálogo interior?, expliqué que cualquier pensamiento que nos genere sensaciones, sentimientos, emociones, impulsos, etc. que dejen paz en nuestro interior, han nacido en nuestra consciencia; mientras que cualquier pensamiento que genere lo contrario, ha nacido en nuestro ego.

           Está claro que para poder alcanzar la paz y la armonía debemos sustituir los conceptos que nos contaminan. Evidentemente cada uno de nosotros tendrá los suyos, pero me gustaría que nos concentráramos en los siguientes:

  1. Pensar que mi felicidad proviene de alguien o de algo externo.
  2. Desear que los demás se comporten como yo pienso que deberían comportarse.
  3. Permanecer en el futuro.
  4. Permanecer en el pasado.
  5. Enfocarme en ser mejor que los demás en vez de en ser mejor que mi yo de ayer.

                   En el artículo anterior estudiamos el primero, hoy nos concentraremos en el segundo: Desear que los demás se comporten como yo pienso que deberían hacerlo.

Saboteador # 2 Desear que los demás se comporten como yo pienso que deberían comportarse.

             No sé a ustedes, pero a mí no hay cosa que más me aleje, me incomode y me haga sentir molesta, que las personas que intentan que me comporte de tal manera que satisfaga sus deseos, aún cuando mi forma de ser se vea vulnerada. Lastimosamente todos caemos en este comportamiento tan negativo, en ocasiones sentimos una profunda necesidad de controlar a quienes nos rodean, terminando por actuar de manera tal que en vez de pensar en la libertad y en la felicidad del otro, pensamos en la satisfacción de nuestra mente limitante mejor llamada ego.

                Pondré un ejemplo muy superficial para facilitar la comprensión de cómo funciona nuestro diálogo mental:

       Supongamos que le escribes un mensaje a alguien, transcurrido un tiempo, te preguntas por qué no te habrán contestado.

Pensamiento del ego o inconsciencia

—No me contesta, tenia que haberme respondido ya. Este tipo de comportamientos no los aguanto, lo único que me demuestran es que no soy lo suficientemente importante, pasa de mí. Es un/a egoísta, seguro que le parezco poca cosa ¿Será que soy poca cosa?…

Pensamiento del ser o consciencia

—La consciencia tiene puesta toda su atención en el presente, así que lo normal es que continúe haciendo lo que estaba haciendo y no interprete nada. En todo caso, podríamos llegar a pensar que nuestro interlocutor está ocupado/a y que contestará cuando pueda.

             El primer pensamiento desencadena un montón de sensaciones, emociones, etc. negativas y destructivas que se convierten en una bola que se puede salir de control. El segundo pensamiento no genera nada, simplemente nos ayuda a permanecer en equilibrio y a prestar atención a lo que estamos haciendo en el momento.

            Tener pensamientos originados en el ego es totalmente normal, lo importante es identificar que se están originando en él, para frenarlos y evitar darle más fuerza a creencias limitantes o suposiciones erróneas, que nos lleven a que nuestro estado de ánimo dependa de algo que no controlamos, el comportamiento de los demás.

          Nuestro parloteo mental es incesante, y en lo referente a las relaciones con nuestros semejantes, está muy activo. ¿Te has percatado de lo que dice tu diálogo mental cuando compartes con tus amigos, familia o pareja? Yo sí, y la verdad, las cosas que me dice son las que más insatisfacción me producen.

          En lo concerniente a las personas, nuestro ego permanece observando e interpretando todo lo que sucede, califica qué está bien o mal según sus parámetros y define determinados comportamientos que según él, los otros deben tener hacia nosotros para demostrarnos que nos aceptan, nos quieren, nos respetan, nos valoran, etc., cada uno tiene los suyos y estos dependen de nuestra educación, creencia, religión, costumbres… el punto aquí es:

Si realmente aceptáramos,  quisiéramos, respetáramos,  valoráramos, etc. a las personas con las que nos relacionamos no les exigiríamos nada, simplemente disfrutaríamos y compartiríamos con ellos cuando la vida nos diera la oportunidad, intentando entregarles lo mejor de nosotros sin esperar nada a cambio.

             Esta sería la manera más sana de interactuar con nuestros semejantes, pero aún estamos muy lejos de ser tan generosos y altruistas, nuestro ego está muy bien entrenado. No importa, lo relevante es que estamos en el camino y que cada día nos proporciona un aprendizaje que nos acerca a relacionarnos con todos de forma más saludable.

             Mientras tanto, la solución para evitar discusiones, malos entendidos o rupturas desagradables con quienes son importantes para nosotros, es que seamos muy conscientes de nuestro diálogo interno, esto nos ayudará a no permitir que sea nuestro ego quien lleve el mando y así poder entregar el control a nuestro sabio interior, a nuestra consciencia. Esa que no juzga, que es libre y da libertad a quienes la rodean, que no exige, que no interpreta, que se entrega incondicionalmente y que disfruta de todo lo que sucede tal y como es.

               La necesidad de controlar el comportamiento de nuestros seres cercanos, nace en nuestro ego, produce apego y por consiguiente miedo a perder e inseguridad. La característica más clara del apego, es darle a un objeto o persona la facultad de hacernos felices, convirtiéndola en el héroe que saciará todas nuestras carencias. Esto es imposible, nadie puede solucionar en nosotros lo que nosotros mismos no hemos logrado solucionar, recordemos que no podemos poner en los hombros de nadie la responsabilidad de nuestra plenitud, esa responsabilidad es solamente nuestra.

Sé auténtico y espontáneo, quien te quiera como eres, te querrá siempre. Cuando desempeñamos un rol para que nos acepten, en determinado momento quedamos al descubierto y entonces quien nos quería se sentirá engañado y se alejará de nosotros. Libérate, sé tú, sé siempre tú y permite a los demás ser tal y como son en tu presencia. Los vínculos que nacen en la sinceridad y la transparencia son inquebrantables, así que buen viaje hacia las relaciones eternas.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“A quien amas dale alas para volar, raíces para regresar y razones para quedarse” Dalai Lama