Era un Lunes, sonó el despertador, abrí mis ojos y sentí mucha pesadez, no quería levantarme, sentía ganas de seguir durmiendo, estaba cansada; en todo caso me puse en pie y me dirigí al lavabo. Al ver mi cara en el espejo pensé: “tengo el pelo espantoso, no quiero arreglarlo pero tampoco quiero estar fea… estoy un poco fea”. Entre en la ducha y mientras el agua caliente abrigaba mi piel del frío pensé: “No tengo ganas de hacer nada”, no había una razón o explicación, era como si en vez de ser yo, fuera un zombi que hace las cosas de manera automática.

               Me arreglé, me hice una coleta y salí para comenzar mi día. El sol estaba radiante, al entrar en el metro me senté y saqué mi teléfono móvil para leer, o mejor, para no relacionarme con el entorno. En determinado momento me hice consciente de que siempre disfruto de ver a la gente que está a mi alrededor, entonces levante la mirada para encontrar la de las personas que estaban frente a mí; percibí tristeza, o más que tristeza, sus rostros inexpresivos, sus bocas cerradas, al igual que yo perdidos en sus aparatos electrónicos. Una de las personas tenía su mano en la frente cubriendo sus ojos; la otra miraba hacia abajo como si no se sintiera a gusto; era como si no estuvieran satisfechas con lo que estaban haciendo pero en vez de hacer algo para cambiarlo, se resignaran. Al regresar a casa descansé un rato y después salí a correr, correr es una actividad que disfruto mucho y ese día en verdad lo disfruté.

               Al día siguiente me desperté y lo primero que hice fue pensar: hoy fluiré con lo que la vida traiga para mí, sé que todo es perfecto tal y como es y hoy quiero ser feliz. Igual que el día anterior, me dirigí al lavabo, me vi guapa, me duche, me arreglé con ilusión y cuando estaba organizando mi bolso me percaté de que había perdido mi tarjeta bancaria, llamé al banco, tendría que ir a recoger una nueva, pero si la recogía, quizás no llegaría a tiempo a mi primer compromiso del día; en todo caso pensé: “no creo que tarde mucho, quizás me retrase 10 minutos, que más da, iré rápidamente”. Salí y me acerqué a la sucursal que queda al lado de mi casa, me dieron una tarjeta nueva y camine hacia el metro, de tiempo iba bien, había desayunado rápidamente para ganar unos minutos y la persona del banco había sido muy eficiente.

             Al entrar en el vagón había un señor con una guitarra cantando una canción que no conozco en realidad, no estaba mal y amenizaba el ambiente. Ese día inexplicablemente todo era perceptiblemente agradable, yo estaba alegre, usualmente siempre estoy sonriendo y ese día no podía controlarlo, cuando regresaba a casa, al entrar al tren escuché una voz: “Volare, oh oh, cantare, oh oh oh oh, 
nel blu dipinto di blu, 
felice di stare lassu…”. Un grupo de 5 chicos amenizaban el vagón en el que me correspondía subir con una de mis canciones favoritas, Volare de Gypsy Kings, podía ver las sonrisas en las caras de la gente, unos hacían disimulados movimientos al ritmo de la música. En resumen el día estaba siendo ¡¡¡GENIAL!!!

             Cuando regrese al silencio del lugar donde escribo, comencé a pensar en el día tan agradable que había tenido la posibilidad de vivir, en cómo mágicamente todo había sido “PERFECTO”, y me di cuenta que al despertar me había programado para ser ¡¡¡Feliz!!!, que lo que yo había visto en el exterior era lo que había dentro de mi, ¡¡¡ALEGRÍA!!!; alegría por el simple hecho de vivir, de existir y de sentir. Pude valorar el agua caliente, tener donde dormir y qué comer, el día soleado; en el estado en el que me encontraba podía apreciar todo lo que sucedía, mientras que el día en que había salido resignada y a disgusto, había visto eso en los demás y no había podido percibir y agradecer la infinidad de comodidades que tengo.

               Todo lo anterior, me llevó a pensar que yo podía controlar lo que veía a mi alrededor si lograba controlar mi estado de ánimo. Para verificar mi teoría, comencé a observar lo que sucedía cada día, lo hice por varias semanas, observé todo, todo lo que me rodeaba y cómo todo lo que veía estaba realmente en mí, era como si el exterior me estuviera gritando

“oyeeeeeee, despiertaaaaaa, esto que ves es lo que estás proyectando tú, estás creando tu realidad a cada momento”

               Hoy le pido a todos los que tengan la oportunidad de leer este artículo, que verifiquen que mi teoría es cierta, que observen qué están viendo y cómo están en su interior. Los invito a programarse cada mañana para ser felices sin expectativas y a que el día que no tengan la energía para hacerlo, estén conscientes de que son ustedes los únicos que pueden cambiarlo modificando su estado de ánimo. Realicen actividades que los hagan sonreír, quemen adrenalina y liberen endorfinas que son las que determinan nuestro estado de ánimo, consuman alimentos ricos en serotonina que inhibe la ira, la agresividad, el insomnio etc., abracen árboles, permítanse ser niños de vez en cuando.

Todos creamos nuestra realidad a cada momento, cada uno de nosotros es responsable de sus resultados. Atrévete de una vez por todas a transformar tu vida. Solo tú eliges si te resistes y luchas, o si vives y disfrutas.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“Cree en que la vida merece ser vivida y esa convicción te ayudara a crear las circunstancias para que así sea” William James

Foto:fotolia.com

Les dejo el video espontaneo de la canción Volare en el metro de Madrid  https://youtu.be/phDXIEwO524