A muy temprana edad aparece nuestra necesidad de ser aceptados por los demás, debemos sobrevivir y por esta razón buscamos la atención de nuestros padres, ya que son ellos quienes cubren nuestras necesidades básicas y fomentan nuestro desarrollo.

      En el período del  colegio y posteriormente de la universidad, esta necesidad de aceptación evoluciona de forma negativa. En este hábitat para sobrevivir, es indispensable obtener un número llamado calificación que establece nuestra valía según el entorno educativo. En aproximadamente 18 años no sólo hemos aprendido información valiosa que nos prepara para nuestra vida laboral, lamentablemente, también hemos aprendido a compararnos y competir con los demás; comportamiento tóxico que nos genera frustración y que se convierte en un hábito haciendose parte de nuestro sistema de supervivencia.

       A estas alturas ya estamos embebidos en un ambiente bastante dañino en el que para sentirnos bien, intentamos cumplir los parámetros de felicidad que nos venden los medios a través de la publicidad, es decir: ser mejores, más atractivos, tener más pertenencias, ser más inteligentes, etc. dando como resultado, el deseo de ser superiores a quienes nos rodean y la no aceptación de nosotros mismos. En este punto enfocamos nuestra atención en todo lo que hay en el exterior, llegando a pensar que nuestro valor como personas es relativo a los demás, y olvidando nuestro interior que es lo único realmente importante.

¿Cómo evitar compararnos?

Acéptate

        Eres perfecto tal y como eres, no necesitas que nadie reconozca lo que tú ya sabes que aportas a la sociedad. El problema está en que cuando pones tu atención en el exterior y en los otros, olvidas todas las aptitudes, talentos y virtudes que hay en ti para compartir con tus semejantes.

Agradece

        Hacernos conscientes de que la posibilidad de ver, oír, sentir, saborear, caminar, tocar, correr etc. no la tienen todos los humanos, nos hará agradecidos y podremos valorar nuestras circunstancias de vida.

Establece tus propios parámetros

        Si sólo prestamos atención a los requerimientos de la sociedad, estaremos destinados a la amargura. Para muchos nunca haremos las cosas de forma correcta, perfecta o adecuada; para otros siempre actuaremos de forma equivocada o nos hará falta cumplir un parámetro nuevo para encajar en la norma; pero ese no es nuestro problema, es el problema de ellos.

Establezcamos nuestros propios parámetros y en vez de perseguir la felicidad que describen los medios y la sociedad, persigamos la nuestra.

Dale valor a lo realmente valioso

    Apreciemos a las personas por su interior, eliminemos las etiquetas y juicios; permitámonos conocerlos, prestemos atención a su esencia en vez de a su apariencia; sintamos su energía y vibración; conectémonos con los seres humanos que nos rodean.

Recuerda que recibimos lo que damos, por lo tanto si logramos valorar a los otros por su corazón, ellos lograrán valorarnos por el nuestro.

Compárate y compite con tu yo de ayer

       La única manera de ser mejores es transformando nuestro mundo interno, en vez de compararnos con quienes nos rodean comparémonos con nuestro yo del día anterior. Analicemos qué podemos hacer mejor que ayer y hagámoslo, utilicemos toda nuestra fuerza y empeño en nuestro mejoramiento continuo, pongámonos metas y desarrollemos planes de acción que nos lleven a decantar nuestra luz interior para entregarla a todo lo que nos rodea.

    Cuando alguien haga algo muy bien, admirémoslo en vez de envidiarlo y con humildad pidámosle que comparta su sabiduría con nosotros y nos enseñe. Aprendamos lo que no sabemos y enseñemos lo que sí sabemos a los demás de manera altruista. Somos seres espirituales en una experiencia física que nos aporta aprendizaje; cada uno de nosotros cuenta con diferentes talentos y con algunas limitaciones. Estamos diseñados de esta manera con el fin de aprender a compartir y a complementarnos unos con otros; para poder evolucionar en equipo y sanamente, en vez de para ser mejores unos que otros.

Si logramos concentrarnos en qué tenemos para aportar, en vez de en cómo ser mejores que los demás; podremos generar un mundo mejor, donde reine la plenitud, la alegría, el amor y la abundancia.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“El enojo , el orgullo y la competencia son nuestros verdaderos enemigos” Dalai Lama

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