En muchos de mis artículos, hablo sobre EL EGO o mente parlanchina. Hoy le dedicaré un espacio mayor a su definición y comprensión.

            EL EGO es la identificación del ser con la mente, pero no con la mente consciente que habla desde la sabiduría, la aceptación, el amor propio, la plenitud, el respeto por los demás y el sentimiento de unidad con todo y con todos, sino más bien, con la mente parlanchina. Esta identificación, se expresa desde el sentimiento de vacío interior, la necesidad continua de reconocimiento, el deseo insaciable, las ganas de controlar y poseer; manifiesta una clara intención de individualismo y negación del presente resistiéndose a él, e identificándose con un entorno en el que su existencia está amenazada y por esto vive en continua posición de defensa. “La esencia de Ego vs la esencia del Ser”

¿Cómo funciona el Ego?

                Experimentamos un incesante diálogo interior, una voz en nuestra mente que en ocasiones habla desde la consciencia o sabiduría interna, aunque la mayor parte del tiempo habla desde el Ego o la inconsciencia, haciendo afirmaciones negativas como:

“Tú no puedes hacerlo. La manera correcta de realizar determinada actividad según los lineamientos de fulano es esta, y nadie lo puede hacerlo de manera diferente. No está bien visto o no es correcto. Tienes que ser perfecto. Tienes que ser mejor que los demás. No eres lo suficientemente bueno. Estás gordo. Estas muy delgado. No puedes rebasar estas normas”.

                  En resumen, hay un continuo diálogo basado en la crítica, la comparación, el juicio, el rencor, el complejo de superioridad e inferioridad, la búsqueda de culpables o el sentimiento de culpabilidad, y una necesidad de encajar en una normativa y parámetros establecidos por no sabemos quién, “aunque los cumplimos“, que no nos permiten fluir con libertad y que terminan por desgastarnos. Dichos parámetros, además de ridículos, aumentan su nivel en la medida que los alcanzamos; por lo tanto entramos a girar en un círculo que no tiene final y que no nos lleva a ningún lado como explico en mi artículo, Esclavizados por los Yo Quiero.

Comienza a liberarte

Presencia

                     La principal herramienta que el Ego utiliza para esclavizarnos es el tiempo, vive sufriendo por el pasado o añorando recuerdos y está esperando que el futuro sea diferente o traiga lo que deseamos a nuestra vida como por arte de magia. El problema es que el pasado no puede ser cambiado y la única manera de influir en el futuro es con nuestras palabras, acciones y pensamientos del presente.

Permanecer aquí y el ahora hace que aceptemos las circunstancias como son, sin ponerles etiquetas de buenas o malas. De esta forma, aceptando, podremos aprender de la experiencia y no repetirla. El escritor Eckard Tolle habla de manera muy clara sobre el tema en sus libros, Un Nuevo Mundo Ahora, El Poder del Ahora y Practicando el Poder del Ahora.

No hay culpables

                 La mente consciente ni culpa, ni se culpa. Simplemente asume, acepta, corrige y genera nuevas realidades desde su eterno presente. Culpar al otro o a nosotros mismos sólo nos llena de sentimientos negativos y juicios sobre que es o no correcto, nos empuja a desear que los otros actúen como queremos que actúen para sentirnos bien, sin darnos cuenta de que cada uno actúa desde lo que cree que es correcto; evidentemente respetando unos parámetros de convivencia saludables.

Evita Poseer, Controlar o Apegarte

                       La mente parlanchina quiere controlar y adueñarse de todo, nunca es suficiente, tiene la continua necesidad de poseer personas, objetos y sobretodo poder. Desapego, Camino a la Felicidad

Un ser humano libre, no tiene la intención de poseer a nadie porque valora su propia libertad y entiende que la felicidad del otro está también en ser libre.

                  Las personas que logran aquietar su ego se relacionan con los demás a partir de acuerdos. No son adictos al poder porque saben que lo único que pueden controlar es a si mismos. Y no necesita de grandes fortunas o bienes materiales, ya que comprenden que el dinero no es la fuente de la felicidad y que la valía de las personas no está determinada por sus posesiones, sino más bien por su valía como ser humano.

Perdón

                       Perdonar es la mejor manera de sanarnos, cuando perdonamos, no solo liberamos al otro, sino lo más importante, nos liberamos a nosotros mismos, liberamos a nuestra mente. Soltamos sentimientos tóxicos como la rabia, el rencor y la sed de venganza, que si se quedan atrapados en nuestro cuerpo, terminan por enfermarnos.

                   Desarrollando la empatía y la compasión, podremos entender que nadie quiere hacernos daño, simplemente, recibimos lo que damos. No tenemos que defendernos de nada si fluimos y actuamos desde nuestra conciencia. “Empatía + Compasión = Perdón”

                        El entorno en el que estamos en peligro es una creación mental que no nos permite disfrutar de la belleza que nos rodea. Sanando nuestra mente, nos hacemos correspondientes con personas con mentes sanas.

Has escuchado la frase: “como es afuera es adentro”, son las palabras más sabias que he tenido la oportunidad de oír. Los seres humanos somos un proyector y nuestros ojos la lente, atraemos a nuestras vida lo que hay en nuestro pensamiento, nos relacionamos con personas que son como nosotros, creamos a cada instante nuestra realidad. Por esta razón, somos los únicos responsables de lo que vivimos.

Asumamos nuestra realidad actual y aceptémosla, nosotros la hemos generado y sólo nosotros podemos cambiarla. No sigamos sembrando nuestras semillas desde el ego porque crearemos desde la carencia, el vacío, el anhelo, la necesidad etc… Ha llegado el momento de estar presentes, comencemos a dibujar nuestra nueva realidad desde nuestra mente consciente o sabiduría interior.

Confía en ti, tienes todas las respuestas que necesitas, deja de creer en las normas, teorías y procedimientos de la sociedad y !!!CREE EN TI!!! Desde hoy, elige quien quieres ser.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

“Ni tus peores enemigos pueden hacerte tanto daño, como tus propios pensamientos” Buda

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