240_F_102044793_SMbONqOyEFuo02JjBvLAi2KmYEwjuSqC

               ¿Te has dado cuenta de cómo los niños expresan libremente lo que sienten? Cuando necesitan gritar, ¡gritan!, cuando necesitan reír ¡ríen! y cuando necesitan llorar, ¡lloran!, sin contenerse, lo hacen de verdad, desde lo más profundo de su ser, desde su sentir, desde su corazón. Es bonito ver la facilidad que tienen para ser auténticos y vivir el momento.

                      ¿Has visto alguna vez a un bebé cuando está aprendiendo a caminar y se cae o se golpea?, inmediatamente expresa su dolor a través del llanto, su cara se transforma, su expresión se tensa y sus ojos se llenan de lágrimas. Pero cuando ya no hay dolor físico ni emocional, cuando el niño ya ha sacado de si las sensaciones negativas, vuelve a estar en paz, su expresión facial se relaja, sus ojos brillan nuevamente, su boca esboza una sonrisa mostrando alegría y se levanta una vez más. Que pronto se olvidó de lo negativo de esa situación, ahora puede disfrutar nuevamente ¿Por qué?, sencillo, porque sacó toda la emoción negativa de la situación, esta ya no está dentro de él, no lo intoxica y entonces, ya no le molesta.

                  Masaru Emoto doctor de medicina alternativa de la universidad de la India, estudió los cristales que producía el agua al congelarse, concluyendo que estos revelan su densidad energética. Determinó, que los cristales que se generaban del agua del grifo y el agua de una cascada al solidificarse eran distintos, encontró que el agua que había sido expuesta a palabras positivas vs negativas revelaba cristales diferentes. Muchos científicos refutarán esta teoría, pero lo realmente importante no es lo que digan los científicos, sino lo que diga tú corazón y lo que sientas en tú interior.

Hace muchos años uno de mis maestros, y lo llamo de esta manera debido a su gran sabiduría espiritual y a su compromiso con la buena información, me dijo: “no creas nada, ni a mi ni a nadie, aplica lo que aprendes, verifica si funciona o no y determina tú misma con que te quedas”. Sus sabias palabras, siempre acompañan mi camino.

                                                          masaru_emoto_imagen1

                        Unos días atrás en una conferencia llamada el cambio positivo, el ponente Terry McLean, fantástico por cierto, comentó algo que me hizo pensar mucho y que también comenta Masaru Emoto, somos 70% agua. Si la teoría de los cristales del agua es cierta, ¿se imaginan lo que puede estar pasando en nuestro interior? Esto me llevó a pensar y a reflexionar sobre muchas cosas.

Si no exteriorizamos las emociones negativas, estas se quedan en nuestro cuerpo, se estancan y nos contaminan.

            Pero ¿como podemos sacarlas?, nos han enseñado a no expresar nuestras emociones, a contener el llanto para no mostrar debilidad o tristeza. Nos llenamos de un montón de creencias limitantes que aprendemos y que se hacen parte de nosotros intoxicándonos hasta dejarnos sin energía, llenándonos de mal genio, negatividad y en ocasiones empujándonos a estallar contra quienes nos rodean para lograr sacar esas emociones negativas estancadas.

                      Vivo a 7 kilómetros de Madrid, desde la distancia puedo apreciar la silueta de la ciudad bañada por el sol, he notado que en muchas ocasiones esta está cubierta por una burbuja espesa que la separa del cielo soleado y azul, polución. Veo como después de un día lluvioso la burbuja desaparece por completo y Madrid se ve de forma clara, pura y mágicamente el cielo y la ciudad se convierten en uno solo, ya nada los separa. Lo anterior me hace pensar:

 Si la lluvia limpia el ambiente contaminado y denso de la ciudad, ¿actuarán de la misma manera las lágrimas en nosotros?

                    He visto a muchas personas llorar, se ven tan lindas, tan puras, tan transparentes; en esos momentos logro conectarme con ellas y sentir con ellas, me generan tanta admiración, tanto respeto. No se ustedes, pero yo después de llorar me siento liviana y tranquila, lo que sea que haya podido generar tristeza en mí, queda atrás. Está claro que a veces para superar algo he necesitado bastante llanto, pero créanme, funciona.

No nos guardemos las emociones, permitamos que salgan, permitamos que nuestro ser se exprese y comencemos a ser cada día más felices. No sigamos haciéndonos daño a nosotros mismos y a nuestro entorno conteniendo lo que a gritos necesita salir de nuestro interior.

                 Evitemos generar enfermedades en nuestro cuerpo contaminandolo con mala energía y con emociones negativas estancadas. No nos avergoncemos más, seamos como niños nuevamente y si hay que llorar, ¡lloremos! Expulsemos todo lo negativo de nosotros, permitámonos sentir nuevamente y no tengamos miedo por lo que puedan pensar los demás. Al fin y al cabo somos todos iguales, pertenecemos a la misma especie y nos complementamos unos a otros. Esa necesidad de llorar que en algunas ocasiones siento, seguramente tú también la sientes; entonces, qué más da…

Llenémonos de valor y permitámonos sentir y expresar nuestros sentimientos y emociones. Expresarnos, nos hará personas confiables y transparentes, porque quienes nos rodean, sabrán que somos seres humanos que al igual que ellos sienten; entonces, tendrán confianza y sentirán libertad para expresarse en nuestra presencia.

 Este artículo se lo dedico a mi padre, que hace años en la víspera de sus 50, tuvo el valor de llorar delante de mí permitiéndome ver que los hombres también sienten, y por ende enseñándome a valorarlos y comprenderlos mejor. Desde ese día el respeto que siento por el sexo masculino es mayor, y a mi padre lo admiro aún más, pero ya no por su autoridad, sino porque me mostró que era un ser humano como yo, que siente y eso nos unió. 

Seamos transparentes, mostrémonos como realmente somos, conectémonos con los demás sin vergüenza ni prevención y disfrutemos los unos de los otros hoy y siempre.

Escrito por Catalina Lobo para VALORARTEblog.com

 

“Un corazón abierto, es una mente abierta” Dalai Lama

 

Audioartículo # 3 El poder sanador de la lágrimas

Foto: fotolia.com